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Lunes , 22.04.2019 / 20:15 Hoy

Columna de Gonzalo Oliveros

La oposición

Gonzalo Oliveros

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La semana pasada, un conocido que antes era un amigo comenzó a bombardearme vía instagram –sí, hasta ahí ya lo contaminó la política– con cuestionamientos sobre la revocación de mandato y las intenciones de López Obrador por reelegirse.

Cuando se acabaron los argumentos para defender su postura, decidió ir a los lugares comunes de la oposición mexicana actual: aeropuerto, capacidad, huachicol, Dos Bocas, Venezuela.

Estos replicados ad nauseam.

Es cierto, la persecución discursiva contra quien critique o se oponga de alguna forma a las acciones del Gobierno de México son presentes. El opositor actual o histórico de AMLO sufrirá desde la acusación en el patíbulo de cada mañana hasta el escarnio digital de la jauría tatuada con la 4T.

(A menos, claro, que te purifiques y uses tu casa como santuario del lopezobradorismo donde él se reúna con el yerno incómodo a discutir, acordar o -puede ser- solo cenar bajo tu anfitrionía).

Pero es verdad que la oposición actual está corta, desarticulada y chata. Ni siquiera en los ataques frontales de sus intelectuales puede crear una defensa efectiva y que refleje la presión del Estado en contra de ellos, cosa que los actuales gobernantes sabían realizar de forma certera en años, lustros pasados.

Si la defensa es estrecha, los argumentos se quedan en las declaraciones. No lo niego, hay críticos que logran salirse del chacaleo diario y se adentran en las cifras y lo inviables de algunas propuestas en el plan de vuelo actual, pero la mayoría prefiere construir su resistencia desde lo emocional con la idea de que el camino es el efectivo. Error: la emoción positiva la tiene López Obrador, la lucha de años contra el cinismo y frivolidad cosechó el teflón necesario para defenderlo de los embates que, desde la entraña, producen sus contrincantes.

Pareciera que no entienden lo que otros escarmentaron. Cuando la beligerancia guiaba a AMLO después de la elección del 2006, los números se precipitaron. Entendió que el camino era otro y, con ensayos y errores, en 2018 no lograron quitarle una pluma a un gallo que, feliz, deambulaba por el territorio.

Deberían de aprender de eso antes de azufrar el ambiente.

O las redes.

goliveros@me.com

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