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Domingo , 21.04.2019 / 14:21 Hoy

Columna de Gonzalo Oliveros

Hoja de vida

Gonzalo Oliveros

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David Ledesma tiene una hoja de vida en ciernes. Puede ser que el polémico ex director del CONACYT no tuviera la trayectoria que, en otros tiempos, otorgaba paz y serenidad a los servidores públicos pero, lo dicho, son otros tiempos.

Durante décadas, la administración pública se convertía en el habitáculo de amigos, compadres y conocidos que, durante un sexenio o más -según el ascenso y estrella del funcionario a quien uno se arrimaba- lograban sortear las olas presupuestales con pocos, muy pocos requisitos.

Uno indispensable -sine qua non dirían los doctos- era la trayectoria: carrera terminada, diplomas, posgrados, idiomas, bagaje que demostrara que la revolución institucionalizada les había hecho justicia cultural.

Era obvio que de ahí, la función del contratado iba a navegar en aguas calmas.

Eso cambió con la llegada de Fox al poder. Sediento de nuevos cuadros, el guanajuatense echó mano de buscadores de talento para contratar nuevas voces. Algunas se insertaron de forma perfecta a la administración pública. Algunos.

Muchos más demostraron su desconocimiento y torpeza que fue pagada con el bono democrático del presidente.

Calderón tenía otros flancos que atacar y, de hecho, algunos de sus colaboradores escaparon el primer escrutinio público. Los resultados fueron desastrosos.

El gabinete de Peña se vendió como experto en cada área y la comunicación no estaba fuera de ello. Tristemente para él -y el destino de su partido- su expertise fue desenmascarado. Muchos de los que se quejaban de las cualidades del Sr Ledesma olvidan que el gobierno de Peña presumía tener personal de primera en comunicación social. Al final, uno de los grandes errores del peñismo fue la mediocre penetración de mensajes en la población que engrandeció la percepción de ineficiencia y corrupción.

Lo cierto es que en cualquier selección de funcionarios de administración pública debemos dejar de lado filias y fobias y, de manera serena, preguntarnos si el personaje seleccionado sirve para cubrir el perfil y llevar a otro nivel la dirección o secretaría. No sirve de nada perder capital político y defender al mediocre, al corrupto o al amigo que, de ser amigo, rechazaría el puesto si el historial es negro.

La receta es sencilla pero la tentación del hueso sobresale por encima de todo.

Ojalá alguien lo recuerde cada vez que surja la tentación de darle un puesto a quien más que construir nuevos caminos, dinamite las carreteras que se han edificado.

Algo que aprendió el David Ledesma de una ruda forma.

goliveros@me.com

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