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Lunes , 18.03.2019 / 17:30 Hoy

Columna de Gonzalo Oliveros

Bumerán

Gonzalo Oliveros

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Hace un año, cuando la campaña estaba por arrancar -en ese odioso periodo que alguien ideó para saltarse la ley de múltiples formas y que otro llamo intercampaña- en distintas partes del país surgió publicidad de una serie que no tenía fecha, hora o canal de salida.

El Populismo en América Latina, docuserie conducida por Gloria Álvarez (quien esta semana se lanzó como candidata a la presidencia de Guatemala). Parecía que la producción estaba encaminada a un solo fin: emparejar la política de Andrés Manuel López Obrador a los mandatarios de Sudamérica que han llevado a sus países a crisis, quiebra y confrontación.

Desde entonces, el hoy presidente denunció el hecho pero, a la vez, dejó sobre la mesa una velada advertencia de lo que sucedería de llegar al poder: nos vemos a la salida.

Puede ser que la denuncia de López Obrador contra TV Promo -empresa creada para promover el marketing y las presentaciones de Odisea Burbujas y que, tiempo después, se volvió en el caballo político electoral de Televisa- no tenga consecuencias penales. Denunciar la mecánica de producción y distribución de un programa no afín a un candidato no es denunciar una ilegalidad per se, pero logró un efecto de varias bandas.

Primero, de la misma forma que la amenaza constante de estar a conocer los nombres de los periodistas beneficiados con el favor gubernamental, el presidente pone a raya a sus críticos mediáticos y empresariales desde el sutil descargo de la ira ajena. No es necesario que lleguen a la cárcel, el descrédito de sus acciones (contrario a la voluntad de 30 millones de personas y la popularidad del 80 por ciento de la población) los imposibilitan de ejercer crítica y cuestionar acciones de gobierno por los tiempos por venir.

Algo parecido sucede cada mañana con los reporteros que asisten a la conferencia matutina donde se dicta línea discursiva diaria. Contrarios a los estándares de clicks -que se consiguen de forma masiva en cada intervención en el Salón Tesorería donde se lleva a cabo la conferencia-, los periodistas son cuestionados por usuarios de YouTube, Twitter y Facebook que, de forma peculiar, no cuestionan a los periodistas digitales, al contrario: los apoyan como la nueva panacea de objetividad.

Encoger la crítica se ha vuelto deporte en estos tiempos. Tristemente, mucha de la crítica se realiza sin profundidad, emanada de la emoción más que de razones como en espera de convencer a alguien de los errores de la 4T.

No entienden que, en el terreno de las sensaciones, López Obrador conoce más los resortes de la población que sus críticos. Otro búmeran que les pega sin entender los caminos que los hayan crecer como oposición.

Una y otra vez.

goliveros@me.com

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