El francotirador de Palacio Nacional de Ignacio Gómez-Palacio, Tintalaire, 2019, es un libro bífido, híbrido: comprende la novela de nombre epónimo y la crónica ¿Por qué los juicios orales?, la narración correspondiente al inicio del movimiento ciudadano a favor de la reforma judicial con el énfasis puesto en los juicios orales.
De hecho el corazón, la almendra de esta obra es ese tipo de juicio que como el autor dice “favorecen más a los pobres que a la clase pudiente”. ¿Por qué? Porque están exentos de esa componenda a veces tramposa llamada amparo.
Tuve la fortuna, gracias a los buenos oficios de mi amigo y excelente abogado, director de la hermosa y funcional Escuela Judicial del Estado de México, Víctor Rojas Amandi, de presentar el libro el lunes pasado.
Una presentación concurrida y animada por un hombre todoterreno que confesó, a bote pronto, haber escalado el Himalaya a la edad de 71 años. ¡Madre mía!
Además dijo, y le concedo razón, que tenía, a la letra “El plan macabro de vivir 20 años más”, esto es, frisar los 95.
La novela es un apapacho sensorial y está escrita con una prosa de nervio trabado y con una garra narrativa admirable.
Aborda el magnicidio cometido por el francotirador Juan Rosario Urique en el zócalo de la CDMX. Inicia el relato In extrema res y cumple de manera puntual el delicado equilibrio entre el dibujo de los personajes y una trama envolvente.
Ignacio comentó que cuando ganó el Premio Internacional Mario Vargas Llosa el autor de Conversación en la catedral le dijo que era un gran escritor, pero que, por desgracia, los escritores que viven de su trabajo literario en América Latina se cuentan con los dedos de una mano.
Celebro la aparición de El francotirador de Palacio Nacional del carismático Ignacio, paladín y principal promotor de la aplicación de los juicios orales en nuestro país, un narrador como la copa de un pino.