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Jueves , 18.04.2019 / 23:48 Hoy

Sobre héroes y hazañas

Azorín y El caballero inactual

Gilberto Prado Galán

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El caballero inactual es un libro de lectura rápida, rápida e intensa: tanto más rápida cuanto es más honda la necesidad de abolir la fugacidad del tiempo.

La obra de arte es, en esencia, tiempo que huye, eternidad efímera. Aquí recuerdo a Borges (“Mi mente/se aplicó a las simétricas porfías/del arte, que entreteje naderías”.

Félix, poeta, busca la fórmula para escribir seis conferencias acerca de Santa Teresa, y no es gratuita esta elección, porque una de las más severas e insistentes consignas del poeta, como ser en el mundo, es la que alude al desprendimiento del hombre respecto de la frontera inmediata significada por las cosas.

Félix Vargas es un poeta prófugo del tiempo y del espacio. Podemos añadir: es un poeta prófugo de sí mismo. Sólo alentado por el sentido medular de su quehacer literario. 

Su vida oscila entre los entes de razón y las realidades palpables. Su sentido vital, como se avisa en el prólogo de la obra, es elíptico: trata de prescindir de las amarras terrenales, represo en un universo absorto y lánguido.

Conforme avanza la novela Félix Vargas se desciñe de las coordenadas específicas que ubican la posición concreta de su presencia poética. 

A la elipsis existencial corresponde, ya se infiere, una elipsis literaria o expresiva. 

Se busca la concisión que no desdeña el uso preciso y a un tiempo arriesgado de infrecuentes palabras: Azorín dice, por ejemplo, improperado y exorable en esa atmósfera íntima y sugestiva que inunda a la novela. Una vez más: ¡qué bella luz emite la lámpara de Azorín!

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