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Miércoles , 24.04.2019 / 07:29 Hoy

Uno hasta el fondo

La universidad del absurdo

Gil Gamés

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Hay asuntos de la vida pública mexicana que a Gil le parecen incomprensibles. En Ciudad Universitaria todo mundo sabe que en la zona conocida como Los Frontones, situada entre las facultades de Ingeniería y Contaduría, una célula de narcomenudistas del cártel de Tláhuac ha puesto la dirección conocida de su empresa. Entran y salen como Pedro por su casa aun cuando las autoridades universitarias pusieron una reja. Venden los narcos y compran los estudiantes y a quien le dé la gana a la luz del día. En ese lugar ocurrió una riña entre narcomenudistas que terminó a balazos. Dos jóvenes murieron. Ni el gobierno de Ciudad de México ni la Procuraduría General de la República atrajeron el caso porque la UNAM es un territorio autónomo. Si usted se roba un coche a mano armada y logra pasar la frontera que separa a la universidad del resto de la ciudad, la policía no podrá seguirlo y en su caso capturarlo y presentarlo ante el Ministerio Público.

Enrique Graue, rector de nuestra máxima casa de estudios; el secretario general, Leonardo Lomelí, y la abogada general, Mónica González, dieron una conferencia de prensa en la cual hablaron sobre las estrategias de seguridad en esa institución. Si usted oye la estrategia, el alma se le va a los pies: “En los días y semanas por venir escucharemos voces, internas y externas, que clamarán por otras alternativas más agresivas, algunas que quisieran vernos armados o militarizados (…) A ellos habrá que decirles que estamos conscientes de la fragilidad de la seguridad en nuestra universidad como espacio plural, abierto y democrático, pero que nuestra fortaleza está en el saber, en la libertad, en la autoridad moral y en el respeto a la normatividad universitaria”.

Estrategia

A Gil le quedan claras algunas cosas: primero, que los únicos armados y militarizados en CU serán los narcomenudistas de Tláhuac; segundo, que la inseguridad en la UNAM no tiene, de momento, solución; tercero, que lo único que se le puede oponer a los narcos de Los Frontones es el saber; y cuarto, que una parte del espíritu y la raza y toda aquella zarandaja consiste en hospedar criminales en territorio puma.

Gilga trapeó con su alma universitaria, que la tiene y bien puesta, la duela de cedro blanco del amplísimo estudio. Después de un tiroteo que ocasionó dos muertos, la estrategia de las más altas autoridades universitarias es la autoridad moral que, por cierto, permite que el cártel de Tláhuac les tome un trozo de la universidad. Oigan esto y de paso díganle a Gilga si no estamos dentro de una obra de teatro del absurdo: el rector aprovecha la ocasión para informar que los narcomenudistas se han fragmentado y se han dispersado en otras zonas del campus, por esta razón, aduce el doctor Graue, “ignorar la inseguridad y el narcomenudeo no eran opción para la comunidad, por lo que solicitar el desalojo de vendedores de drogas por las fuerzas policiales representa un riesgo en el que pueden salir lesionados inocentes y no por ello se podría garantizar la ausencia permanente de narcomenudistas y vivir constantemente un estado de vigilancia armada nunca fue ni será una opción a ser considerada”. Si Gil entendió algo, cosa improbable, el problema no tiene solución, los de Tláhuac se quedan porque se quedan, porque si no se quedan entonces hay que militarizar el campus y eso no es una opción a considerar, en fon. Mecachis, exclamó Gamés mientras se dio un manazo en la frente. A esto se le llama la estrategia del avestruz.

Recado

Gilga se imaginó a los narcos de Los Frontones muy preocupados mientras beben su buen tequila: lo siento, Cerdón (así le dicen a uno: El Cerdón), nos tenemos que ir de CU, nos amenazan “el saber” y “el espíritu democrático”. Además, ayer en el estadio de futbol nos pusieron un recado muy fuerte: “fuera narcos de la UNAM”. Ah, no, si es así, vámonos con nuestras pistolas y nuestra mercancía a otro lugar. Es que de veras.

Gilga les recuerda que hace 18 años, un grupo de asaltantes tomó el auditorio Justo Sierra o Ché Guevara y lo han convertido en un muladar, un pudridero donde nacen, viven, se reproducen y mueren unos rufianes intocables. Si alguno de los okupas tenía 20 años cuando asaltó el auditorio, pronto cumplirá 40 y hará un fiestón allá dentro. Se adueñaron de un pedazo de la universidad ante los ojos comprensivos de las autoridades. Ahora el rector nos informa que es imposible echarle el guante a los de Tláhuac por las razones absurdas que acaban de leer. Sigan así. Oigan, jóvenes narcos de Tláhuac, ¿no están interesados en un piso de Rectoría? La verdad, todos ustedes tienen que ver más bax.

Todo es muy raro caracho, como diría Gustavo Adolfo Bécquer: El mundo es un absurdo animado que rueda en el vacío para asombro de sus habitantes.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com

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