Política

La tesis y la antítesis

Carmen Aristegui no habla como una periodista, sino como un oráculo. El anuncio despertó la curiosidad de Gil, qué dice Gamés curiosidad, temor, qué dice Gamés temor, desasosiego. Algo muy importante sabríamos del presidente Peña en unas cuántas horas. Ti-tac-tic-tac. Ahí estaba, un ejemplar de tapas negras y raspadas por el tiempo, la tesis de Enrique Peña Nieto para obtener el grado de licenciado en Derecho por la Universidad Panamericana en el año de 1991. Tic-tac-tic-tac. El joven Peña tenía entonces 25 años. Tic-tac-tic-tac. ¡Buuum!

Resulta que según lecturas, comparaciones, búsquedas de un grupo de "especialistas y académicos", 28.8% del contenido de la tesis fue plagiado. ¡Santa cachucha!, exclamó Gamés y quiso meterse debajo del mullido sillón, pero le fue imposible. Ah, las tribulaciones del joven Gilga. La tesis lleva por título "El presidencialismo mexicano y Álvaro Obregón", y está compuesta por 200 páginas y 680 párrafos.

En el origen, dicen los griegos, los oráculos eran como ministerios públicos: "Este medio corroboró directamente en los libros y fuentes originales de cada uno de los párrafos analizados en el estudio y concluyó que el hoy Presidente plagió al menos 197 párrafos de los 682 que integran el texto". Gil caminó sobre la duela de cedro blanco y exclamó: ¡Cómo llegamos a esto, Laureano! Un grito desgarrador rompió el silencio del amplísimo estudio: ¡ay, mis hijos con su pasado negro!

Nuestros años maravillosos

En la tesis del joven Peña Nieto se han documentado plagios a Miguel de la Madrid, Enrique Krauze, Diego Valadés, Jorge Carpizo y Jesús Orozco. También, el joven Peña se despachó textos de Alberto Morales Jiménez, Víctor Villafañe y Emilio Rabasa.

Gil no cree exagerar si dice que el golpe ha sido demoledor. El plagio demostrado de esta forma equivale al robo del conocimiento, al despojo del esfuerzo ajeno, a la simulación. Y el oráculo periodístico fabrica el sofisma: aquel joven que plagió para recibirse de abogado con una tesis en parte robada pretende realizar una reforma educativa. Es decir: en México no debe llevarse a cabo una reforma educativa porque el joven Peña plagió. Gran lógica aristotélica de galleta de animalito, de ella se desprende que Aristegui considera que quienes la ven y la oyen son tontos: la reforma educativa no tendrá lugar porque Peña joven plagió. Un argumento periodístico de dos pesos. Un grito desgarrador se añadió al escándalo del amplísimo estudio: ¡Ay, mis hijas periodistas que se pasan de listas!

¡Comillas, comillas!

Que nadie se mueva de sus lugares. La película, aburridona, no termina aún. El trabajo de Aristegui es de una eficacia impresionante. En su odio contra Peña, el oráculo-periodista ha construido un vínculo con su objeto: revisar su vida, ponerla bajo una lente de aumento y ¡zas!, salta la liebre de una tesis en parte robada. Es dable pensar que Aristegui seguirá investigando la vida Peña Nieto. Lo hizo en el caso de la casa blanca, lo hace ahora con los plagios de una tesis de licenciatura.

Enrique Krauze, uno de los autores plagiados por el joven Peña ha respondido rápido y bien: "En una democracia es fundamental el escrutinio biográfico de quienes detentan el poder, así como de quienes aspiran a detentarlo (...) se trata en efecto de un trabajo hecho con irresponsabilidad académica en el que se entreveran líneas y páginas extraídas de autores diversos, debidamente citados, con otras páginas y líneas que carecen de la necesaria adjudicación, ya sea mediante un entrecomillado con una cita a pie de página, o una mención explícita en el cuerpo mismo del texto. La proporción de estas últimas es considerable e inadmisible".

Perdones

Si Gil ha entendido algo, cosa improbable, no se puede pedir perdón muchas veces. El presidente Peña pidió perdón por la casa blanca y al menos sería un tanto estrafalario que pidiera perdón por su tesis: era yo un joven tarambana, en fon, ya saben ustedes, la copa aquí, la novia allá, 25 años, si ese tiempo pudiera volver. Un perdón y se acabó. Imaginen un Presidente que pide perdón una y otra vez, entremés de poderosos, sainete de mentirosos.

Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: al desprestigio presidencial, ¿que le sigue? La absoluta falta de credibilidad, la debilidad, una cautela muy parecida al miedo a la hora de decidir, la autoestima hecha jirones. ¿El Presidente lo seguirá siendo en forma después de que la noticia del plagio le dé la vuelta al mundo? Gil responde sin hesitar: ojalá que sí. Caracho, que difícil está todo, mejor vamos a cantar y a bailar.

La máxima de Horacio retumbó en la cabeza de Gil: Somos engañados por la apariencia de la verdad.

Gil s'en va

gil.games@milenio.com

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Gil Gamés
  • Gil Gamés
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  • Entre su obra destacan Me perderé contigo, Esta vez para siempre, Llamadas nocturnas, Paraísos duros de roer, Nos acompañan los muertos, El corazón es un gitano y El cerebro de mi hermano. Escribe bajo el pseudónomo de Gil Gamés de lunes a viernes su columna "Uno hasta el fondo" y todos los viernes su columna "Prácticas indecibles"
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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