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Lunes , 25.03.2019 / 08:35 Hoy

Uno hasta el fondo

Gobernadores preciosos

Gil Gamés

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Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil encontró la noticia en su periódico Reforma: “La dirigencia del PAN reclamó la intervención del gobierno federal ante las medidas adoptadas por los mandatarios de Chihuahua, Veracruz y Quintana Roo para eludir denuncias por uso discrecional de recursos públicos”. Los gobernadores priistas han diseñado “un paquete de impunidad” para protegerse dejando a personas afines a ellos en cargos clave para la fiscalización de sus gobiernos. Gilga es corto de entendederas, pero lo poco que entiende lo guarda en los bolsillos de su faltriquera y no se lo quita ni el Dios de los corruptos, que al parecer atiende con gran atingencia (gran palabra) las plegarias de sus feligreses. Dios de los corruptos, que no me vayan a pillar los dedos con la puerta en la investigación de esos cientos, bueno, miles de millones de pesos desviados de su destino.

Oigan por piedad la lectora, el lector y el lecter. Durante el gobierno de Duarte, la deuda veracruzana ascendió a 45 mil 776 millones de pesos; por si fuera poco, 15 mil 839 millones han quedado perdidos en el espacio, sin destino conocido. Para salir bien librado de semejante desvío, Duarte y sus secuaces han ampliado la fecha de entrega de las cuentas públicas; de paso, los asesores de este auténtico góber precioso han creado una fiscalía anticorrupción cuyo titular, nombrado a modo, duraría en el cargo cinco años. Ingenieros en demoliciones, estos priistas también se han convertido en grandes magos. Ya en serio: pillastres, granujas.

Al ladrón

Sigue en la lista Roberto Borge, góber precioso de Quintana Roo. La deuda del estado asciende a 22 mil 541 millones de pesos; recursos perdidos, por llamar así a los desvíos: mil 15 millones. Métodos para hacerse de humo: creación de una fiscalía cuyo titular fiel y amistoso duraría en su cargo todo el nuevo gobierno, primero, designación de un auditor con siete años de vida, después y, al final, unos buenos magistrados. ¿Cómo lo ven a Borge? Tremendo el góber precioso del sureste. Felicidades.

César Duarte, gobernador perdedor (dor-dor) del PRI en Chihuahua llevó la deuda de su estado a 42 mil 176 millones de pesos; hay además 900 millones que nadie sabe nadie supo. Con métodos muy similares a los del otro Duarte y a Borge, el perdedor cubre sus espaldas. Apaguen la luz, recojan lo que esté a la mano y vámonos tendidos. Somos jóvenes, el porvenir nos sonríe, ¿o es una mueca de dolor? Gilga medita como un filósofo viejo, muy viejo: ¿y si el Dios de los corruptos fuera el presidente Peña? ¿Perdonar a sus gobernadores forma parte del guión?

Lección con guayabera

Mientras tanto, el gobernador electo del PAN, Javier Corral, se daba de topes contra las paredes porque la señora que le lava la ropa le hizo chirrín una guayabera finísima que compró en Oaxaca. El terrible hecho ha sido producto del espionaje, la filtración y se utilizó durante la guerra sucia de la elección. El entonces contendiente le llama por teléfono a un asistente y le dice: “Ay, Domingo, no sabes lo que me hizo esta sirvienta. Ay, no puede ser que se haya permitido eso. Me lavó la guayabera de diseño que compré en Oaxaca. La metió a la lavadora y a la secadora. Me costó carísima”.

Gil comparte con Corral esta desgracia y se le pone la piel chinita nomás de pensar en ese hecho monstruoso. Domingo le pregunta con gran sentido común: “¿Estaba en la ropa sucia?”. Y el candidato a la gubernatura de Chihuahua le contesta: “No, Domingo, la tenía colgada del perchero, en un gancho”.

Domingo le pregunta a su jefe con profundidad filosófica: “Si estaba colgada en el perchero, ¿por qué haría eso? A ver, deje le hablo”. Y el probable gobernador electo sabe que la guayabera encierra una forma de gobierno: “Nooohombre. No puede ser”. Domingo demostró sus capacidades de comprensión de los problemas más serios: “¿Y la planchó?”. Corral: “La metió a la lavadora, a la secadora y la planchó: me la echó a perder completita”.

Domingo quiere entender a fondo el problema: “¿Cuál es? ¿La azul marino o la azul claro”. Corral le contesta con claridad meridiana: “La azul marino, Domingo (…) Y por qué tenía ella que lavar. Yo no pedí eso, Domingo”. El asistente siente muy feo, y responde: “Yo le dije que lavara lo que estaba en el cesto, solo lo que estaba sucio”. Corral: “Eso nunca se debió haber hecho. Yo tengo ropa muy delicada. Me echó a perder una prenda carísima. No quiero que esa señora vuelva a venir aquí. Punto. Qué ignorancia, una ignorancia total”.

Postrado, derruido por el cataclismo psíquico, Javier Corral le habló a Cinthia para decirle con la voz de un gobernador fracasado: “No sabes lo que me pasó”. Ella contesta asustada: “¿Qué te pasó?”. Y Corral le dice en el colmo del abatimiento: “Me echaron a perder la guayabera nueva”. Cinthia: “¿La negra? Corral: “No, Cinthia, la azul marino?”.

Caracho, nadie parece recordar la guayabera azul marina, qué desesperación. Van a perdonar a Gilga, pero en tiempos en los cuales las llamadas de espionaje revelan departamentos en Miami, miles de millones desaparecidos, coches, aviones que van y vienen, la filtración de las llamadas de Javier Corral son realmente un alivio. Dios de bondad, el problema del nuevo gobernador es su guayabera azul marina que la empleada le echó a perder.

Gilga simpatiza de inmediato con alguien que sufre tanto por su guayabera ceniza y despedazada en lugar de comprarse 200 en Oaxaca. Domingo: viajas a Oaxaca y me compras 200 guayaberas, cueste lo que cueste. Si lo hubiera planeado, a Javier Corral no le habría resultado mejor. Ahora mal sin bien: Gil propone una vaca para comprarle a Corral una guayabera de diseño. ¿Cómo la ven?, dicho sea esto sin albur textil.

La máxima de Lope de Vega espetó en el ático de las frases célebres: Que en amigotes de los que hay agora/Ni deuda ni mujer está segura.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com

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