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Uno hasta el fondo

El plazo

Gil Gamés

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Gil entrecerró los ojos y se puso sentencioso: el problema con los plazos es que siempre se cumplen. Aun cuando el Presidente aseveró que tenía otros datos, los homicidios dolosos aumentaron en el primer trimestre del año. Así las cosas y las casas, Liópez Obrador fijó un plazo de seis meses a partir de la masacre de Minatitlán para mejorar las condiciones de seguridad en el país.

Gilga lo leyó en su periódico MILENIO en una nota de Elia Castillo: “en la medida en que se vayan consolidando los programas sociales, en esa medida va a empezar a cambiar mucho el ambiente y se va a ir aislando a los grupos de delincuentes, se van a quedar sin base social. Esa es una acción que se tiene que ir consolidando”.

Dios quiera, caviló Gil e imaginó a cientos de jóvenes en declaraciones solemnes: ya no seré halcón, y yo no seré sicario, y yo no torturaré; yo, por mi parte, no ejecutaré a miembros de bandas enemigas ni secuestraré y, mucho menos, extorsionaré. Y todo gracias a los programas sociales. Así como usted lo oye.

La gran promesa

El Presidente lo explicó del siguiente modo: “cuando ya todos los adultos mayores estén recibiendo su pensión, cuando las personas con discapacidad tengan su pensión, cuando todos los estudiantes tengan sus becas, cuando todos los jóvenes tengan trabajo, cuando se esté produciendo más, se estén creando empleos, cuando haya más bienestar va a bajar la inseguridad”.

Gamés hesitó: ¿Todo esto ocurrirá o empezará a ocurrir dentro de seis meses? ¿No es un poco demasiado? Un grito desgarrador hizo añicos el silencio del amplísimo estudio: ay, mis hijos, que ofrecen sueños y esperanzas, ilusiones y chupones y sonajas.

El presidente había trasladado su conferencia mañanera al Museo Nava de Veracruz. Desde ahí comunicó que viajaría a Minatitlán en los próximos días. En ese escenario le alzó la mano al gobernador Cuitláhuac García, como se hace con los boxeadores cuando han ganado una pelea. Ups. Diantres.

El gobernador no ganó nada, antes al contrario, más bien fue testigo de una masacre en la cual asesinaron a un bebé y a los sobrevivientes los obligaron a ver la matanza. No, definitivamente no es una fotografía afortunada. El Presidente consideró que el fiscal general de Veracruz, Jorge Winckler, no cuenta con buenas referencias: “No tengo yo evidencias, pero no está bien recomendado”. Dese hace tiempo, Gil trae sus cartas de recomendación en la bolsa del saco.

¡Zumba la bola!

El Presidente dio un toletazo y se voló la barda: “Entiendo la desesperación de los conservadores, nos les gusta, les molesta mucho lo que hacemos, les preocupa porque ya no pueden saquear, no pueden robar”. En ese momento un reportero al que Gil no identificó lo interrumpió y le preguntó: “señor Presidente, ¿piensa que la exigencia de paz es exclusiva de los conservadores?”, y el Presidente contestó: “Básicamente. O sea, sobre todo promovida, auspiciada, es cosa de ver las columnas, ustedes son expertos, son especialistas”. Gilga se convirtió en el Mago Septién y gritó: ¡Esto no se había visto ni en el clásico de otoño! Y ya se sabe: “el beisbol es mucho negocio para ser deporte y mucho deporte para ser negocio”.

Oh, sí, conservadores, ustedes se quejan de la inseguridad, pero cuando saqueaban al país, qué. De qué o qué. Sepa la bola. El juego se coloca dos a cero a favor de Liópez Obrador. Al fondo del parque alguien recoge pedazos del desaguisado.

Juanga vive

Gil soñó que el Presidente decía esto: “esté vivo o muerto, (Juan Gabriel) es una persona excepcional. Extraordinario, un gran artista. Es “Amor Eterno”; vive por sus canciones, por su talento, por ser una persona buena, una persona libre, patriota. Si yo les contara. Muy defensor del pueblo mexicano, un extraordinario personaje, vamos a dejarlo así”.

En ese momento el Divo de Juárez entraba a Palacio Nacional y caminaba hacia el presidente bañado en llanto y le decía: ¡estoy vivo!, y me sumo a la cuarta transformación. Yo mismo entregaré los dineros de los programas sociales que acabarán con la inseguridad, Presidente. Y sí: soy un patriota. Gran abrazo fraterno.

Nunca se sabe qué parte de la vida es sueño y qué parte pertenece a la vigilia, a la realidad. En fon. Gran día para la molienda política

Todo es muy raro, caracho, como diría Françoise Sagan: “Sólo cerrando las puertas detrás de uno se abren ventanas hacia el porvenir”.


Gil s’en va

gil.games@milenio.com

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