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Lunes , 18.03.2019 / 08:15 Hoy

Uno hasta el fondo

Declaraciones carperas

Gil Gamés

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Gil ha reparado en que las declaraciones patrimoniales de los integrantes del gabinete presidencial tienen toda la seriedad de una escena de Palillo en la Carpa México. Ese departamento de Houston yo lo puse en mi declaración, pero desapareció misteriosamente; el departamento de Houston era mío pero lo doné, soy un hombre generoso. Por cierto, Olga Sánchez Cordero ha declarado, además de propiedades diversas, una cuenta de 62 millones 661 mil pesos en tres inversiones bancarias. Sánchez Cordero no es inmensamente rica, cierto, pero sus buenos 62 kilos le ayudarán a pasar en paz su vejez. Ya lo dijo la secretaria de Gobernación, ha trabajado 100 años (50 su marido y 50 ella).

Gil hizo cuentas y resulta que ha trabajado 250 años, si suma a sus abuelos y a sus padres. Antes de la Independencia, en 1769, ya los Gamés trabajaban duro en la Nueva España. Así acumularon su legítimo dinero, primero doblones de oro, después monedas de plata, luego los Bonos del Ahorro Nacional y luego un portafolios que se van de espaldas. Gracias a esa historia de la hormiguita histórica y no de la cigarra neoliberal, Gilga goza en la actualidad de sus buenos dólares, de sus propiedades. ¿Cómo la ven? Dicho esto sin la menor intención de un albur ahorrativo.

Interés simple, interés compuesto

Doña Josefa González Blanco Ortiz Mena, titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat, por su sigla ecológica), expuso sus vínculos familiares con grandes empresas. Ella es nieta de Antonio Ortiz Mena. La secretaria reconoció sus relaciones profesionales con Tania Ortiz Mena, directora general de infraestructura en IEnova; con Carlos Ortiz Mena, empleado en Servicios Administrativos Fresnillos, cuyo dueño es Alberto Baillères, que no es precisamente un menesteroso de la empresa mexicana; la secretaria también tiene lazos con David Ortiz Mena, presidente de la Asociación de Hoteles de Tulum.

Por cierto, Antonio Ortiz Mena habrá sido un genio, pero amasó su fortuna durante su trabajo en el gobierno como secretario de Hacienda de López Mateos y de Gustavo Díaz Ordaz. Gil no acusa a este conspicuo autor del desarrollo estabilizador, nomás informa, por si fuera útil en algún momento.

Por no dejar, Gilga quisiera recordar, ah, la memoria, esa barca a la deriva, que el presidente Liópez Obrador señaló a IEnova, dirigida por Carlos Ruiz Sacristán, secretario de Comunicaciones y Transportes de Zedillo, como una de las empresas que obtuvieron jugosos contratos con la CFE por transporte de gas natural. La pregunta: ¿hay o no hay conflicto de interés entre las funciones de la Semarnat que cumplirá la señora Josefa González Blanco Ortiz Mena y las empresas de sus familiares?

Por lo demás, la titular de la Semarnat añadió 38 millones 720 mil pesos que no había transparentado en sus declaraciones anteriores. Doña Josefa no es inmensamente rica, ni mucho menos, pero tiene su guardadito, y si le suma 100 años de trabajo, Gamés jura y perjura que la cifra engordaría.

No quiero declarar

Así las casas (muletilla patrocinada por el perdonado Grupo Higa), Gilga busca en sus antepasados, pero no encuentra un nombre detrás del cual asome una fortuna. Entre los funcionarios del Presidente hay a quienes no les da la gana exhibir su patrimonio, como Jesús Seade Kuri, subsecretario para América del Norte, ni más ni menos. A este Chucho le importa una almendra y no mostró sus bienes y males.

Tampoco declararon Ricardo Ernesto Ochoa Rodríguez, de la Comisión Nacional de Finanzas, y Jorge Alcocer Villanueva, coordinador de la secretaria Sánchez Cordero. ¿Quiere usted saber de otro sublevado? Gil se los dice: Paco Ignacio Taibo II, director flamante del FCE y muy pronto de Educal y de la Dirección de Publicaciones del estado. Gamés lo dice sin dobleces, o como se diga.

Una voz: que a mí no me ponen a exhibir mis bienes, que los he ganado vendiendo mis libros y libras. Pero Paco, debes declarar. Yo para declaraciones nomás las históricas del Che y Fidel, de ahí en fuera nada de nada.

Gil les comunica que están despedidos, pues el Presidente advirtió que no permanecerán en su gobierno quienes no hagan públicas sus declaraciones. Lástima: ustedes prometían.

Todo es muy raro, caracho, como diría Maquiavelo: Los hombres olvidan con mayor rapidez la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio.



Gil s’en va

gil.games@milenio.com

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