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Viernes , 22.03.2019 / 17:21 Hoy

Uno hasta el fondo

Algo muy grave

Gil Gamés

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Gil saltó del mullido sillón en el cual pensaba en la inmortalidad del cangrejo. The New York Times dio a conocer que defensores de derechos humanos, periodistas y activistas anticorrupción de México han sido espiados (lluvia de verbos auxiliares) por el gobierno federal mexicano con un software israelí llamado Pegasus capaz de monitorear llamadas, mensajes de texto, correos electrónicos, contactos y calendarios, que incluso puede utilizar el micrófono y la cámara de los teléfonos para vigilar. Así lo leyó Gamés en su periódico El Universal.

De acuerdo con las investigaciones de The New York Times, las personas espiadas son los abogados de los 43 estudiantes desparecidos de Ayotzinapa, Carlos Loret de Mola, Carmen Aristegui y su hijo de 16 años, Juan Pardinas y Alexadra Zapata, del Instituto de la Competitividad; los periodistas Daniel Lizárraga y Salvador Camarena, de la organización de Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad. Según The New York Times, el gobierno mexicano ha gastado 80 millones de dólares en programas de espionaje de la empresa NSO Group, de origen israelí: “La empresa que fabrica el software, NSO Group, afirma que vende la herramienta de forma exclusiva a los gobiernos con la condición de que solo sea utilizada para combatir a terroristas o grupos criminales y cárteles de la droga, como los que han violentado a los mexicanos desde hace mucho tiempo”, afirman Azam Ahmed y Nicole Perlroth, los reporteros del diario. Todo esto lo leyó Gilga en su periódico El Universal.

Peor imposible

Ahora mal sin bien: el gobierno del presidente Peña Nieto no ha podido responder peor: vayan a la procuraduría y denuncien los hechos. En una carta dirigida a The New York Times, el gobierno mexicano a través de Daniel Millán, director de Medios Internacionales, afirmó: “No hay prueba alguna de que agencias del gobierno mexicano sean responsables del supuesto espionaje (...) Para el gobierno de la República, el respeto a la privacidad y la protección de datos personales son valores inherentes a nuestra libertad, democracia y estado de derecho”.

Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: con la pena, pero la prueba mayor del espionaje consiste en que solo el gobierno mexicano podría haber obtenido (día de verbos auxiliares y voces pasivas) Pegasus. Así las casas (muletilla patrocinada más que nunca por Grupo Higa), denunciar ante la Procuraduría General de la República no serviría de nada, pues esa institución formaría parte de los imputados. Gilga quiere ser repetitivo: ¿quién sino el gobierno mexicano puede comprar, penetrar dispositivos y espiar a periodistas, militantes de derechos humanos y activistas contra la corrupción y la impunidad?

Si el gobierno de México efectivamente no utilizó la tecnología Pegasus para espiar a estos personajes, entonces tendría que estar sumamente preocupado, febril, trémulo, pues alguien ha usurpado su personalidad. Probablemente en Dinamarca, donde se dice que hay muchas cosas podridas, hay personas interesadas en saber lo que hablan en privado Carmen Aristegui y Carlos Loret de Mola. Esos daneses son tremendos. ¿De plano, chupones y sonajas para toda la comunidad periodística? Alguien de ustedes escuchó que el gobierno iniciará una investigación para descubrir a quienes robaron, o compraron, fingiendo ser el gobierno mexicano, el Pegasus? Gil no lo oyó.

Enlaces maliciosos

Una idea genial: espiar a periodistas y a activistas en el momento en el cual en el mundo entero se sabe que en México han ejecutado periodistas por dedicarse a informar e investigar temas relacionados con el narco y con la corrupción. Un premio para el hombre o la mujer que tuvo la ocurrencia. Es que de veras, a veces a Gamés le dan ganas de meterse al clóset y permanecer dentro un tiempo indefinido.

Gil regresó al mullido sillón y se repantigó en él, exhausto, mientras farfullaba: algo grave ha ocurrido y el gobierno no parece tomar nota. Con trabajos unas líneas en una hoja sin membrete, solo faltó que dieran su respuesta en una bolsa de papel estraza.

Inadmisible, sería la palabra más suave para calificar el affaire Pegasus. Tal vez todo ha sido un malentendido y Gilga puede contactar a la empresa NSO Group: oiga, me vende un Pegasus. ¿Usted quién es? Ah, mire, yo soy representante del gobierno de México y espiaré a los narcos para agarrarlos con las manos en la masa. Desde Israel se oye una voz de marcado acento extranjero: muy bieno, rreponga su depósito en dolarres y le mandamos Pegasus porr mensajerría especializado. ¿Hay una posibilidad de que haya ocurrido así este penoso episodio? ¿De qué se ríen? No lo creen; ah, incrédulos.

Corneille en el amplísimo estudio: El mentiroso siempre es pródigo en juramentos.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com
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