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Viernes , 26.04.2019 / 01:07 Hoy

Capitolio

¿Rendición temprana?

Gerardo Hernández

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Era al final del sexenio cuando algunos presidentes enloquecían por la inminente pérdida del poder, conscientes de que el heredero los negaría más de tres veces como ellos mismos lo hicieron con quienes los sentaron en la silla del águila. El caso de Peña Nieto es paradigmático: ningún presidente tan obtuso, impopular y pagado de sí mismo; jamás alguien que concitara tamaña inquina dentro y fuera del país. Ninguno que desprestigiara tanto y tan temprano la institución.

Pocos presidentes habían reclamado halago. ¿Reconocimiento a qué? ¿A un gobierno que entronizó la corrupción y la impunidad? ¿Medallas a una administración que reformó para seguir igual o peor?

¿Aplauso a un líder de oropel cuyo gobierno espió a periodistas, empresarios y activistas? ¿Fanfarrias al clan que gobernó de espaldas a la sociedad y entre conflictos de interés? ¿Tributo a un presidente que solapó a colaboradores y gobernadores, como los Moreira, y que en lugar de investigarlos los premió?

Los predecesores priistas y panistas de Peña ya fueron juzgados por la historia y a la mayoría los encontró culpables.

El PRI perderá la presidencia por EPN, cuya soberbia le hizo extraviar el rumbo.

¿Con qué argumentos pretende el Grupo Atlacomulco retener el poder? Decir que las cosas cambiarán con el candidato del continuismo, José Antonio Meade, y que a México le irá mejor con los mismos, es una impostura. Votar por él es votar por quienes han agraviado al país y elevado la inmoralidad a política de Estado.

Negociar con López Obrador o con Ricardo Anaya una rendición temprana, a cambio de impunidad, es factible dadas las tendencias electorales. Los candidatos de oposición pueden ganar por sí mismos.

Las condiciones están dadas. Pero aún en caso de traición, pues a ello equivaldría pactar con el presidente y su partido una salida indecorosa, la presión social e internacional forzaría al ganador —AMLO o Anaya— a castigar la corrupción y las masacres del sexenio. Así ocurrió en Guatemala, Perú y otros países donde el hartazgo ciudadano tiene a presidentes pillos en prisión. México no soportaría otra traición en nombre de la patria ni un nuevo fraude basado en el miedo y el engaño.


gerardo.espacio4@gmail.com

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