Mesurado pero decidido, la historia actual de México es imposible de comprender si no entendemos lo que significó Cuauhtémoc Cárdenas en el presente siglo.
Sin duda es sobresaliente el momento en que como Corriente Democrática decide dejar al PRI junto con personajes como Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, pero quizá su mayor legado es cuando calma a los manifestantes y no permite que tomen Palacio Nacional en 1988, lo que pudo haber provocado una ruptura en nuestro sistema político.
El cambio en nuestro país tuvo diferentes nombres, pero uno de los más importantes fue el de Cárdenas Solórzano, este personaje que creció en Los Pinos, que aglutinó a la izquierda y logró que la oposición se convirtiera en una opción en la carrera presidencial.
Encabezó el rompimiento con el neoliberalismo y también la fortaleza de la izquierda que hasta esa época parecía simplemente un satélite del partido en el poder, con institutos políticos como el Partido Popular Socialista PPS.
En la elección de 1988, Cuauhtémoc Cárdenas y Manuel J Clouthier hacen historia en la contienda política más competida en aquella época denominada por Mario Vargas Llosa como “la dictadura perfecta”.
Sin La retórica de Porfirio Muñoz Ledo ni los conocimientos económicos de Ifigenia Martínez, ese hombre tranquilo, de hablar pausado, lleva sin estridencias a la izquierda a convertirse en partido político y en una fuerza real que finalmente concluye con la llegada de Morena al poder.
Tres veces candidato presidencial y en la primera de ellas con fuertes dudas sociales respecto de su triunfo, Cárdenas se convirtió en el único personaje de la política mexicana al que el expresidente Andrés Manuel López Obrador mostró su respeto y con quién decidió nunca confrontarse. En paz descanse.