La paz es un requisito indispensable para el desarrollo de cualquier país. Esto significa que debe haber armonía entre las personas, para que no existan conflictos o guerras. Para lograr la paz es necesario que existan instituciones que garanticen estabilidad social y seguridad a la población. Sin embargo, no todas las naciones cuentan con esa fortuna. Así lo revelan estudios recientes.
El Instituto para la Economía y la Paz (IEP) presentó hace poco el "Índice de Paz Global 2016", en el cual se evaluó a 163 países. En él se señala que el mundo es menos pacífico que hace un año y que la violencia ha aumentado. En algunos países hay guerras civiles, en otros hay terrorismo, crisis de derechos humanos o ataques a las libertades civiles y políticas.
Los diez países más pacíficos son: Islandia, Dinamarca, Austria, Nueva Zelanda, Portugal, República Checa, Suiza, Canadá, Japón y Eslovenia, la mayoría considerados como democracias consolidadas. Los países menos pacíficos son: Libia, Sudán, Ucrania, República Centroafricana, Yemen, Somalia, Afganistán, Iraq, Sudán del Sur y Siria, todos ellos sumidos en guerras civiles y otros conflictos.
El caso de México es preocupante. Ocupa el último lugar entre doce países de Centroamérica y el Caribe, por debajo de Honduras, El Salvador y Guatemala, mientras que a nivel internacional ocupa el lugar 140, de 163 naciones, con lo cual mejora un poco, porque en 2015 ocupó el puesto 144. Estos datos obligan a reflexionar sobre el papel de las instituciones del Estado mexicano para garantizar paz, bienestar y seguridad a toda la sociedad.
Según el Índice referido se gastan muchos recursos en la contención de la violencia, pero se invierte muy poco en la paz duradera, es decir en la construcción de instituciones que promuevan una convivencia armónica y pacífica de largo plazo. Por ello es necesario cambiar esta dinámica, de tal forma que la colectividad asuma que la paz es una condición indispensable para el desarrollo integral de cualquier sociedad.
Es claro que en un país poco pacífico es difícil atender necesidades básicas de la población, insatisfechas por muchos años. Sin paz el progreso deseado tendrá que esperar mucho tiempo más. México merece recuperar la tranquilidad que alguna vez tuvo. Habrá que trabajar en ese sentido, desde todos los espacios de la vida pública y privada. No hay duda alguna de que nuestro país desea vivir en paz.