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Lunes , 25.03.2019 / 16:57 Hoy

Paideia

Otro ¿Nuevo? Modelo Educativo

Gabriel Castillo Domínguez

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La forma en que fue presentado el llamado “Nuevo Modelo Educativo”, y la estrategia de comunicación para difundirlo, me llevaron a pensar que nuestros gobernantes siguen actuando afectados todavía por el viejo esquema político de “reinventar a México” cada seis años. Nuestras autoridades educativas han tardado más de tres años para presentarnos su propia “reinvención” de la educación mexicana, a través de tres documentos: La Carta sobre los fines de la educación en el siglo XXI; El Modelo Educativo 2016 y La Propuesta curricular para la educación obligatoria 2016.

El discurso del Secretario Aurelio Nuño y la repetición machacona de los medios electrónicos contribuyeron a alimentar la anterior percepción, y propiciaron algunas preguntas: ¿Por qué será tan difícil para los gobernantes en turno, reconocer lo que han hecho sus predecesores en materia educativa, sobre todo cuando en nuestro país existe una rica tradición en ese campo? Pero todavía más: ¿Por qué presentar como nuevo un modelo cuyos ejes y contenido se han venido proponiendo desde hace décadas? ¿Por qué tendríamos que creer que éste sí es el bueno, con el que habrá de lograrse la calidad educativa?

Sin embargo, del discurso de Nuño y lo dicho por los medios, a la lectura directa de los documentos hay una percepción diferente: los equipos que tuvieron a su cargo su elaboración sí reconocen parte de la importante tradición educativa (se centran en Vasconcelos y Torres Bodet, aunque más como referencias) y recuperan propuestas de administraciones anteriores, sin hacerlas del todo explícitas. No son documentos malos, vale la pena analizarlos, pero llegan en mal momento, de polarización entre los actores, lo que hará difícil un serio debate, por lo demás necesario.

Además, el ingrediente político que tiene su presentación en el momento de diálogo con la CNTE, la hace parecer parte de un doble discurso gubernamental, y los tiempos disponibles y los necesarios para su implementación en el actual sexenio, perfilan su inviabilidad, pese a que casi nadie podríamos estar en desacuerdo con mucho de lo que se plantea en los documentos. ¿Quién podría estar en desacuerdo con la descarga administrativa en las escuelas? ¿Cómo no apoyar una nueva cultura en las instituciones educativas basada en la centralidad de lo pedagógico? Desde luego que estamos por un cambio en la función de los supervisores y el liderazgo de los directores, pues lo hemos planteado muchas veces.

El problema es que llega a destiempo. Otro gallo nos cantara si lo hubieran presentado el primer año de este régimen y no haber hecho de la evaluación punitiva la prioridad de la SEP.


gabriel_castillodmz@hotmail.com

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