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Domingo , 17.02.2019 / 08:22 Hoy

Paideia

La víspera del Año Nuevo

Gabriel Castillo Domínguez

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A unas horas de que concluya el año 2018 el balance es bueno. Con trabajo, buen ambiente en familia, nuevas amistades y afianzamiento de las no tan nuevas. 

Algunos pequeños problemas de salud no han impedido mantener un buen ritmo de actividad laboral, aunque ambas cosas sí han propiciado una disminución en el tiempo dedicado a la lectura. 

Sin embargo, en este campo he cerrado bien el año: entre noviembre y diciembre terminé de leer dos obras que me han confirmado el gusto e interés por la escritura, pues sus autores nos ayudan a entender mucho mejor la naturaleza humana y el oficio de escribir. 

La primera es Trilogía del vagabundo, de Knut Hamsun, escritor de quien ya hemos disfrutado la maestría con que construye sus personajes y la aparente sencillez de su narrativa, que en este libro nos lleva a recorrer los bosques y las granjas de Noruega, su país natal, y nos introduce en situaciones donde podemos asomarnos a la vida interior de los protagonistas, con emoción y cierta perplejidad. 

Después de haber leído otras obras de Hamsun, esta Trilogía aviva la motivación para seguir hurgando en la obra de este extraordinario narrador. 

Dos de sus libros esperan para acometer su lectura en 2019.

La otra obra concluida es Las tribulaciones del estudiante Tôrless de Robert Musil, escritor austriaco del que, aunque con pena, confieso que no había leído nada pese a saber de la existencia de su libro más conocido (El hombre sin atributos) y de estar informado sobre su importancia en el ámbito de la literatura. 

También está en lista de espera. Mientras tanto comento que Las tribulaciones del estudiante Tôrless es un texto cuya lectura me impactó pese a considerarme un lector con cierta experiencia, de manera que creo es el tipo de libros que Kafka dice que nos despiertan con un puñetazo en la cabeza. 

Aunque algunos lo consideran fuerte y desagradable, su lectura fue grata. Me recordó al Retrato del artista adolescente de Joyce, obra que también se inscribe en las llamadas novelas de formación que siempre resultan interesantes por la carga autobiográfica que llevan. 

No cabe duda que, además de la convivencia familiar, lo que más disfruto en vacaciones es la lectura. En la víspera del Año Nuevo no está mal afinar el plan de lectura para 2019. Los mejores deseos a los lectores de Milenio. 


gabriel_castillodmz@hotmail.com

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