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Jueves , 25.04.2019 / 11:06 Hoy

Columna de Frank Lozano

Nochixtlán

Frank Lozano

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En la actual lucha que sostiene una fracción del magisterio en contra de la reforma educativa, hay tres constantes: confusión en las prioridades, poca claridad para atender el problema y la mutación de la protesta.

Las prioridades están invertidas. El gobierno federal impulsó una reforma laboral y administrativa, disfrazada de reforma educativa. Si bien, existen elementos que justifican alguna de las medidas que se plantearon en la reforma, la prioridad del país es una reforma pedagógica que ponga en el centro de la discusión, el modelo educativo.

Eso provoca que el problema no esté bien planteado. El enfoque actual, centrado en la evaluación de los maestros, opaca la necesidad de transformar el modelo educativo. El cambio de enfoque modificaría de raíz el asunto. Pondría al sistema educativo como la prioridad, y a los actores en torno a dicho sistema, como los sujetos obligados a transformarlo.

Al ser esta una reforma administrativa, con tintes laborales, priva a los docentes de la oportunidad de transformar desde adentro a un sistema enfermo, y convierte a la reforma, en algo parecido a un instrumento político.

Por su parte, el mensaje que mandan los docentes, tiene más que ver con la defensa de sus privilegios históricos, que con la transformación del modelo educativo al cual pertenecen.

Es de esperarse, que lo que comenzó como una protesta de docentes, termine por convertirse en una alianza política de mayor envergadura. Para muestra, dos botones, la adhesión de Andrés Manuel López Obrador y de los remanentes del movimiento zapatista.

La obstinación del gobierno federal en mantenerse en la estrategia que se trazaron —no ver, ni oír—, ha dado pie a la mutación de la protesta. De aquí al 2018, lo que comenzó como un movimiento de defensa de derechos magisteriales —legítimos o no— se convertirá en la plataforma política para los grupos sociales adversos al régimen.

En otro frente, la manera en la que el gobierno federal está enfrentado la crisis, confirma el endurecimiento de su postura en aquellos temas en los que son rebasados. El atropello de la semana, sucedió ayer domingo en el municipio de Nochixtlán, Oaxaca, en la que, fuerzas federales y docentes se enfrentaron. Hasta ahora, no hay información precisa sobre los hechos, pero se presume que hay policías heridos y civiles muertos. De confirmarse esto, el gobierno federal sumará a su lista negra el nombre de Nochixtlán, al deterioro de los derechos humanos.

La obstinación en las posturas, la confusión de las prioridades, así como el incremento de la violencia por ambos bandos, prometen un escenario que sólo puede tener un final trágico.

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