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Domingo , 19.05.2019 / 04:19 Hoy

Meade, misión imposible

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Cada día que pasa, se ve más difícil que el precandidato presidencial José Antonio Meade, se meta en la pelea por la presidencia de la república. Su campaña no conecta. Es pésimo candidato, se le ve incómodo, luce falso.

Los intentos de posicionarlo fallan uno tras otro. Su narrativa, más que confusa, comienza a tornarse inverosímil. Primero intentaron presentarlo como el menos priista, ergo, más ciudadano. Un día después, corrió a abrazar a las expresiones priistas más deleznables. Después fue un técnico que todo lo sabe. Luego fue el esposo de Juana Cuevas. Ahora es el hombre de experiencia y resultados.

Quizá sí tenga algunas de las cualidades que sus estrategas mencionan, lo que no tiene, ni tendrá, es la credibilidad necesaria para que su discurso y su narrativa, se sustenten y sobre todo, que sean coherentes.

José Antonio Meade, es el candidato de Peña Nieto y del PRI, y esas dos cosas bastan para que, lo que diga y lo que haga, gocen de la misma credibilidad que tienen los Protocolos de los Sabios de Sion, por citar un ejemplo modesto.

A Meade, lo persiguen la sombra de los yerros y pifias de esta administración. Está envuelto en el aura de corrupción que rodea a Peña Nieto y compañía. Él, por el simple hecho de haber sido funcionario del gobierno federal, forma parte de las medidas que han golpeado a economía familiar; por si no fuera poco, también le toca un coletazo de la era Calderón.

Para Meade, todavía no empieza lo peor. La campaña se convertirá para él, en un festival de la humillación. Si desde ahora, comienza a dar pena ajena, no quiero pensar lo que pueda ocurrir durante el proceso electoral.

Para el PRI, no hay estrategia, ni estrategias que alcancen para revertir la situación que atraviesan. Frente a esta realidad, la incógnita a despejar, es ¿qué harán con el capital político que les quede? en determinado momento, ¿promoverán el voto útil a favor de Anaya o terminarán por catapultar a Andrés Manuel López Obrador? Es posible que todos los escenarios estén puestos en la mesa y es cuestión de tiempo para comenzar a interpretar las señales que se den desde los Pinos.

Mientras tanto, el show del horror continuará. El actor intentará desempeñar el papel que le asignaron. Seguirá ensayando fórmulas. Repetirá los diálogos antes de salir a escena. Ensayará sonrisas. Cargará infantes. Abrazará viejitos. El público verá la película con esa sensación que da haber pagado por fiasco. De antemano, el público sabe que la película se llama, Meade, misión imposible.

franklozanodelreal@gmail.com

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