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Martes , 19.03.2019 / 02:23 Hoy

Columna de Francisco Valdés Perezgasga

Mundo nuevo

Francisco Valdés Perezgasga

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Cada vez más pensadores hablan del fin del Holoceno, la era geológica en la que se ha desarrollado nuestra civilización. El Holoceno se caracterizó por una gran estabilidad climática que le permitió a nuestra civilización surgir, avanzar y avasallar al planeta.

Estamos entrando a un mundo desconocido. El mundo de la sexta ola de extinciones. El mundo de los fenómenos climáticos de intensidad y frecuencia sin precedentes. Este mundo nuevo, de alteraciones tan profundas como ubicuas, merece una nueva era geológica: el Antropoceno. La raíz del nombre de esta nueva era geológica es el griego anthropos que significa hombre.

Dicho de otra forma, lo que le está pasando al planeta es por obra de nosotros, la especie dominante. Una noción digna de una pausa introspectiva pues las eras geológicas van cambiando con grandes cataclismos y el último cataclismo somos nosotros. Usted y yo.

Es una tragedia sin orilla que vayamos cobrando consciencia que somos parte de la naturaleza justo porque la estamos destruyendo. Pero también moralmente estamos entrando a un mundo nuevo.

Esta mañana, o la mañana de ayer, cuando usted encendió su coche, no se planteó extinguir una especie o blanquear un arrecife coralino o matar de asma a un niño.

Pero eso es precisamente lo que hizo. Con una contribución infinitesimal si gusta, pero contribución al fin. Lo mismo pasó cuando pidió una bolsa de plástico en la tienda de conveniencia o cuando bebió un vaso de leche o cuando prendió el aire acondicionado. Este mundo nuevo y extraño nos exige un cálculo moral de cada una de nuestras acciones. Algo que hace 50 años era impensable.

El Antropoceno también ayuda a poner nuestra huella en perspectiva. La composición actual de la atmósfera, en lo que a dióxido de carbono se refiere, no se había visto desde el Plioceno, hace tres millones de años cuando ni siquiera nuestro género, Homo, había aparecido y la Tierra era de nuestros tatarabuelos, los australopitecos.


twitter/fvaldesp

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