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Sábado , 23.02.2019 / 23:40 Hoy

Elitismo para todos

Nuevas variantes del ‘Go’

Fernando Solana Olivares

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Un vetusto manual de Go explica que en ese milenario juego de destreza mental no interviene el azar ni la habilidad o la fuerza física. Su analogía se establece con el ajedrez, aunque presentan notables diferencias entre sí porque cada uno proviene de una concepción diferente: la secuencialidad occidental o la simultaneidad oriental.

En el Go dos jugadores, uno con piedras blancas y otro con negras de igual valor, que se van colocando alternadamente en los intersticios y no sobre los escaques del tablero, competirán por conquistar territorio. Quien logre capturar un espacio más extenso ganará.

El ajedrez termina con una crisis, la muerte del rey. El Go concluye cuando la situación del juego muestra la victoria de alguno de los dos contendientes, aquel que domine un mayor territorio y haya capturado más piedras enemigas, las cuales llenarán los espacios del rival para descontarlo.

A pesar de que las piedras no se mueven en el tablero (solo se recogen aquellas que se van capturando) el juego es incontrolablemente cambiante y fluido: áreas que por momentos parecían conquistadas súbitamente se transforman en catastróficas derrotas o piezas vitales deben ser sacrificadas sin piedad en muy duros combates.

Las reglas básicas son muy simples pero su aprendizaje no es fácil. De ellas se derivan las siguientes, tan inesperadas y complejas que no logran comprenderse rápidamente, como la vida misma. Sabiendo sus pautas, el ajedrez se simplifica. Conociendo las del Go, éste se dificulta. De ahí que su enseñanza no pueda ser sistemática, sucesiva y lineal según lo estila la pedagogía cartesiana.

A lo largo del tiempo el ajedrez ha modificado algunas de sus reglas para mejorarse; el Go sigue siendo igual a sí mismo hace más de 4 mil años, cuando dícese que apareció. Antiguos escritos chinos atribuyen su invención al emperador Shun y a la vez sugieren que se conoce aun antes de la escritura. La tradición consigna que el día anterior a la batalla los guerreros samurái luchaban en un tablero de Go. Debajo de él se colocaba un recipiente para recoger simbólicamente la sangre de los hombres caídos en la batalla, pues lo que ocurría en el juego anticipaba el desenlace bélico que habría mañana.

El ajedrez representa una superficie estriada, el Go se define como una superficie lisa. En el primero se privilegia la posición, en el segundo se prefiere el movimiento. De ahí la comparación simplificante pero certera entre el ajedrez y las concepciones del teórico militar europeo Carl von Clausewitz, quien entiende la victoria sobre el enemigo como una variante graduada de la aniquilación: la tarea es matar al rey. La matriz mental del Go, asaz diferente, determina la del estratega chino Sun Tzu en su indispensable y objeto de primera necesidad libro El arte de la guerra: los grandes guerreros logran la victoria sin combatir, apoyados en el beneficio de la sagacidad, de la velocidad y el engaño.

El ajedrez ilustra la guerra convencional. El Go, versátil y múltiple al jugarse en todo el tablero, reproduce la guerra de guerrillas. En su literatura, amplia como la del ajedrez, posee proverbios de sentido
práctico y capacidad táctica. Como todo, tienen significados más allá de lo literal. Y adecuándose al momento —es hoy cuando son leídos— quizá puedan servir para nombrar algo de lo que está pasando en nuestro país.

En el punto uno-dos suceden cosas extrañas. Este proverbio se aplica a los grupos de piedras colocadas en los extremos y en situación de vida o muerte. Todo arrinconamiento produce fenómenos imprevistos, como lo muestra la guerra contra el huachicol. No sólo los trágicos aquelarres de explosiones y quemados, sino las consecuencias inevitables de la exhibición pública y el desmantelamiento de la descomunal e impune corrupción de la casta política y la tecnocracia gubernamental, en alianza con el sindicato petrolero, el crimen organizado, las trasnacionales y la iniciativa privada para huachicolear desde PEMEX, al amparo del poder ya hace varias décadas, los bienes públicos de este expoliado país.

Si pierde los cuatro rincones abandone la partida. Las esquinas y los bordes del tablero son cruciales. Entiéndase esto como la importancia de las periferias, de los rincones, de lo secundario en apariencia. La importancia de un punto de vista que se multiplica. Es igual que la realidad, cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna. O todavía más simple: atención plena al momento presente. Sun Tzu dice que todo mirar estratégico es un rodear el objeto.

El punto vital de mi enemigo es mi propio punto vital. Aquí está el corazón de la doctrina. Para llevarlo a la excelencia se aconseja observar el esquema táctico y estratégico del contrincante hasta el extremo de lograr mimetizarse con él. Pensar como el otro es pensar desde el otro, en sus propios términos. De ahí que los grandes estrategas practiquen aquello que se define como psicología de la mutabilidad. Donde se instala el adversario es donde se le enfrenta. El Go conoce aquel principio de que lo que no aniquila, fortalece.

La vida es un juego fatal. Hoy México lo juega, y más le vale ganar.

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