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Sábado , 23.02.2019 / 10:09 Hoy

Entre paréntesis

Lo razonable

Fernando Escalante Gonzalbo

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Desde luego, si se piensa actuar contra el sindicato petrolero, quitarle prerrogativas, seguramente procesar a algunos de sus líderes, para recuperar el control de la empresa, es razonable que el Ejército tome posiciones con anticipación. Y es razonable hacer más intensa la vigilancia de las instalaciones de Pemex: plataformas, refinerías, centros de almacenamiento, también de los ductos y del transporte por carretera, y es razonable que sea el Ejército el que se haga cargo de los nuevos camiones cisterna y de la contratación de los choferes para el sistema de distribución. Y puede ser muy útil, si llega el caso, haber hecho un simulacro general de desabasto de gasolinas en el país.

Si se quiere disimular el costo de la aventura del aeropuerto de Santa Lucía, evitar el engorro de auditorías, preguntas, licitaciones, y construir o no, más pronto o más tarde, sin preguntar a compañías de aviación, pilotos, ingenieros, sin que se metan las empresas de seguridad aérea, es razonable que la obra se le encargue al Ejército. Se incluye en el presupuesto de la Secretaría de Defensa, cuyo desglose puede quedar protegido por motivos de seguridad nacional, y el aeropuerto se construye –para lo que sea que sirva.

Si se quiere dar algo de autonomía financiera al Ejército, para que pueda aumentar su presupuesto al margen de la Cámara de Diputados, sin dar muchas explicaciones, es razonable que se le permita dedicarse a la especulación inmobiliaria. Y que privatice los terrenos de la secretaría para construir edificios de lujo para vender o rentar –o lo que sea (que será eso: lo que sea). Con eso, el Ejército puede financiar la ampliación de su presupuesto sin pedirle nada a nadie, y pagar de su bolsillo los 50 mil nuevos efectivos.

Y, desde luego, si se quiere mantener al Ejército desplegado en todo el territorio para lo que se ofrezca, es razonable incluir eso en la constitución.

El nuevo grupo gobernante no ha ahorrado adjetivos para desacreditar a funcionarios, burócratas, periodistas, empresarios, políticos, policías. Sólo el Ejército se salva de la quema. Y todo parece indicar que el Ejército va a ser la columna vertebral de la administración. Porque el Ejército es honesto, disciplinado, respetuoso de las autoridades civiles.

Seguramente lo veremos cuando sea ya demasiado tarde, pero es jugar con fuego. Porque desde luego los militares son honestos, salvo los que no lo son. Los militares son disciplinados, mientras son disciplinados, y obedecen mientras obedecen. Los militares respetan a las autoridades civiles, mientras respetan a las autoridades civiles. Y no más. Es verdad: los militares mexicanos no van a dar un golpe de Estado, hasta que den un golpe de Estado (si llega a hacerles falta, que a lo mejor ni eso).

El Ejército es una corporación cerrada, que como todas tiene una visión distorsionada de la realidad, y tiende a sobrevalorar su propia importancia, desconfía del mundo exterior y sobre todo desprecia profundamente a “los civiles”, empezando por los políticos: todos. Y en el nuevo orden está mucho más presente, y es más autónomo: más gobierno.

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