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Jueves , 18.04.2019 / 21:50 Hoy

Entre paréntesis

En memoria

Fernando Escalante Gonzalbo

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A mediados de 2008, Liu Xiaobo publicó un ensayo para explicar las causas de la esclavitud infantil en China. Es un texto sobrio, dramático, desolador —que debería ser lectura obligada para cualquiera, para entender este amanecer del siglo de China.

En marzo de 2008, un grupo de padres de familia, hasta 400, de la provincia de Henan, pidió ayuda a unos periodistas para localizar a sus hijos desaparecidos. El resultado fue un reportaje inverosímil, que puso al descubierto una red de funcionarios, empresarios, delincuentes, dedicada a secuestrar niños para emplearlos como esclavos en los hornos de ladrilleras clandestinas. Cientos de niños.

Siguió una investigación, cuenta Liu Xiaobo, en la que todo vino a quedar reducido a las malas prácticas de una empresa en el pueblo de Caosheng, en la provincia de Shanxi. Aparecieron menos de cien, de los mil niños secuestrados. Se acusó de complicidad a 95 funcionarios. El castigo para los responsables políticos fue una “seria amonestación del partido”. Nadie renunció a su puesto.

Las personas no son especialmente crueles, dice Liu Xiaobo. El sistema es cruel: una estructura de autoridad privada en que se entreveran el mundo criminal, la política y el mercado, y en que no hay otra guía ni valor, sino el lucro. La inhumanidad de la época de Mao, dice, dejó como herencia una moral en ruinas, una sociedad cínica, y con el auge del consumo, un carnaval erótico de sexo, violencia y avaricia.

El contraste entre la eficiencia vertiginosa para perseguir disidentes y la aparente ineptitud para investigar la esclavitud infantil dice todo lo que hace falta. El artículo de Liu Xiaobo fue una de las pruebas que se presentaron en el juicio que se siguió en su contra, por incitar a la subversión. Fue condenado a 11 años de prisión. Premio Nobel de la Paz en 2010.

Ya había estado en la cárcel, otras tres veces, la primera por apoyar a los manifestantes de la plaza de Tiananmen. El cargo más grave en su contra era la organización de la Carta 08, en que se pide básicamente que puedan ejercerse los derechos que ya reconoce la constitución China. Liu Xiaobo murió en un hospital penitenciario el jueves pasado. Ningún gobierno ha encontrado el ánimo para lamentar su muerte.

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