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Domingo , 17.02.2019 / 21:21 Hoy

Entre paréntesis

El nuevo estado

Fernando Escalante Gonzalbo

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No fue noticia la semana pasada la denuncia de los negocios del yerno del primer ministro húngaro, Víktor Orban. Es una historia sencilla, muy conocida. La empresa Elios Innovativ, en cuyo consejo figura Istvan Tiborcz (el yerno), ha ganado los contratos para el alumbrado público de 34 ciudades. Algo que tampoco es muy sorprendente, puesto que la suya ha sido la única oferta en casi la mitad de los casos, porque ninguna otra empresa cumplía con los requisitos de la licitación (por cierto: el dinero es de los fondos de cohesión de la Unión Europea).

Hay otras historias de éxito en Hungría. Lörinc Meszaros, por ejemplo, un plomero amigo de la infancia de Orban, que en cuatro o cinco años se ha convertido de uno de los hombres más ricos del país, dueño de un consorcio con empresas de construcción, hostelería, comunicación, y su porción de contratos públicos (“Todo se lo debo al buen dios, a la suerte y a Viktor Orban”). Dinero europeo también.

Según la Oficina Europea Antifraude, en Hungría hay un esquema de fraude sistemático, organizado. La fiscalía húngara no encuentra materia para investigar nada. Y Orban no pierde ocasión de denostar a las instituciones europeas, a las elites globalistas, apátridas. La defensa de las familias, amenazadas por la economía salvaje de las multinacionales, es la mejor coartada para ese capitalismo de cuates que le funciona tan bien. Por otra parte, Orban sabe combinar la retórica del nacionalismo económico con los subsidios, ayudas y ventajas fiscales para Audi y Mercedes, por ejemplo. Y lejos ya del áspero liberalismo anticlerical de su juventud, sabe que para hablar con el pueblo hay que entenderse con las iglesias —y se entiende.

Balint Magyar dice que el de Hungría es un Estado-mafia, en que los negocios son asunto político, y la política es sobre todo un negocio, un mecanismo predatorio. El sistema no es una rareza. En Estados Unidos es difícil saber dónde comienza el gobierno, dónde terminan los negocios de Trump, si no son la misma cosa. O en Rusia, en Egipto: en realidad, en medio mundo. Es una nueva forma política, una especie de gobierno privado: un Estado sin la dimensión pública —suele ser nacionalista, ultramontano, beligerante, y puede ser muy popular. Es acaso el futuro.

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