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Martes , 21.05.2019 / 01:59 Hoy

Entre paréntesis

Aquí se cumple

Fernando Escalante Gonzalbo

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La lectura de algunos pasajes del Plan Nacional de Desarrollo puede ser una experiencia un poco deprimente. Por ejemplo, los párrafos (que no hay) sobre educación superior. El texto dice que durante el periodo neoliberal “se sometió a las universidades públicas a un acoso presupuestal sin precedentes”. Y es verdad. Pero no dice que se vaya a corregir. De hecho, no dice nada más. A continuación, anuncia que ya iniciaron actividades las cien Universidades para el Bienestar. Aquí se cumple.

En cualquier parte, la creación de cien universidades en tres meses sería una noticia espectacular —inverosímil en realidad. A menos que no fuesen universidades. O que no se hubiesen creado. Y a lo mejor es eso. Dice el texto que el propósito es “garantizar el acceso a todos”. El problema es que entre las cien ofrecerán 32 mil plazas, y solo en la UNAM se quedan sin lugar cada año más de 130 mil aspirantes. O sea, que nos faltan otras 300 universidades, o se trataba de otra cosa.

Son escuelas modestas, para unos 300 estudiantes, y con una sola carrera; en Iztapalapa se estudia la Licenciatura en Gestión Integrada del Agua, en Chenalhó, Ingeniería en Agroforestería, en Badiraguato la Licenciatura en Educación Física (beisbol). Aclaremos. Crear un sistema sólido de escuelas técnicas, escuelas de artes y oficios, de formación de técnicos profesionales, es una muy buena idea, pero llamarlas universidades no parece muy honesto, aparte de que es seguir alimentando el prejuicio que las considera de segunda clase. Y significa un desprecio doloroso de la idea de la universidad. Es verdad, en la escuela de Zinacantepec se puede estudiar medicina, en la de Texcoco ingeniería civil —pero eso plantea otros problemas.

La convocatoria para contratar profesores se abrió en febrero, y a los seleccionados se les ofreció un curso de capacitación de cuatro días; cobrarán 9 mil 600 pesos. Las cien iniciaron clases hace más de un mes. No tienen instalaciones, pero es seguro que las tendrán puesto que, según el plan, “los edificios… serán construidos con el concurso del trabajo comunitario… en terrenos donados por campesinos, municipios o comisariados ejidales”. Es lo único que falta.

Desde luego no hay examen de ingreso, sino una evaluación diagnóstica, y si hace falta, un sorteo. Para retener a los estudiantes, y evitar que sean “etiquetados” con una calificación, la evaluación es cualitativa. Según la presentación oficial, el propósito es “formar profesionales… comprometidos con las necesidades sociales de la población más desfavorecida del país”; lo malo, aparte de la gramática, es que es un propósito político, no educativo. En resumen, eso dice que habrá 32 mil muchachos con una beca de 2 mil 400 pesos durante cuatro años para desarrollar su compromiso con los más desfavorecidos —y estudiar, por ejemplo, la licenciatura en beisbol.

En la página oficial dice que “cada plantel cuenta con biblioteca, sala de cómputo, aulas espaciosas, comedor, laboratorios… Sus edificaciones son térmicas, antisísmicas y con sistema de prevención de riesgos”. Imagino que será para ahorrar tiempo, y que esté ya la publicidad —para cuando existan.

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