Hasta hoy, en México no hay una radio ni una televisión de estado sino de gobierno. La penosa sujeción de los medios oficiales a las viejas prácticas mediáticas alcanza su peor ejemplo en las provincias donde la radio y la televisión institucionales se siguen produciendo como si no existiera el Internet y sus respectivas redes sociales. ¿Qué caso tiene callar lo evidente cuando los abusos de autoridad y las deficiencias gubernamentales están a la vista en cientos de miles de teléfonos móviles?
La revolución digital puso en crisis a la industria informática de papel y ya está modificando los usos y costumbres de los medios audiovisuales. Ya sabíamos que sólo el 7 por ciento de los millones de jóvenes entre los 15 y 25 años buscan en diarios y revistas su conexión con el mundo. Ahora nos enteramos que están abandonando la radio y la televisión convencionales por la información y el entretenimiento que ofrecen los nuevos formatos digitales. Ante esta realidad, la radio y la televisión de Hidalgo, que debiendo ser del Estado sólo son del gobierno, ofrecen una imagen tan triste, tan patética de lo que es la comunicación social, que sería un acto piadoso cerrar sus micrófonos y apagar sus cámaras, sin que nadie lo notara. Tan nula es su presencia en la opinión pública del estado.
El problema central de la radio y la televisión oficiales está en que no fueron diseñadas para ser un vínculo entre la ciudadanía y los programas y las acciones de gobierno, sino como otras oficinas de prensa y relaciones públicas del Jefe, de los jefes, dedicadas particularmente a callar, ocultar, ignorar, disfrazar lo que los ciudadanos piensan de sus programas y acciones de gobierno. En el México pre-digital la versión oficial del país tenía alguna credibilidad por la falta de medios que expusieran la realidad. Hoy, millones de ciudadanos tienen literalmente en sus manos un medio para dar testimonio de los hechos privados y públicos de la colmena. Insisto en la pregunta: ¿qué caso tiene negar lo evidente?
Lo que se debe intentar es la ciudadanización de los medios públicos de comunicación poniendo su tecnología como un puente para la consulta, la discusión, el consenso y el disenso de la res pública. Se entiende que los medios oficiales resguarden la imagen de las instituciones, y la mejor manera de hacerlo es poniéndolas en contacto con sus usufructuarios, dirigiéndose no sólo a la audiencia masiva sino a públicos específicos. Que los campesinos puedan utilizar esos medios para exponerle a las instituciones sus necesidades y soluciones. Que los jóvenes encuentren en las cabinas y los foros la forma de expresarse con libertad, imaginación y creatividad. Que las mujeres puedan compartir ahí su visión de género. Que los adultos mayores hallen información útil para su edad y entretenimiento adecuado. Que las regiones del estado no sean celebradas solamente por su folclor y gastronomía sino por su contexto económico y social. No digo que así se hará una radio y una televisión con mayor audiencia pero sí con un público cautivo que comparado con el que tienen actualmente esos medios, será mucho mayor y cumplirá al menos con ser una radio y una televisión públicas.
En los medios de comunicación la forma determina el contenido y los formatos de la radio, pero sobre todo de la televisión oficial, son tan obsoletos, tan básicos, tan deprimentes que cuando mis amigos o mis alumnos sufren de baja autoestima les recomiendo que pongan el canal oficial para que se reconforten viendo lo que les falta para llegar a la ignominia. Si de verdad el poder judicial del estado quisiera castigar severamente a los delincuentes, les debería poner como castigo ver toda la programación del canal XHPAH-TV, de Hidalgo, cuyo slogan es: "Imagen de tu estado". Si en verdad la imagen que nos da el canal oficial de nuestro estado fuera real, yo al menos ya me habría mudado a Tlaxcala.
Lo que requieren los medios institucionales del estado es que tener en su dirección a gente preparada técnica y administrativamente para el cargo, no a un comisario del Partido o a un compadre del señor Gobernador; poner al día su tecnología para suplir con imaginación, creatividad y dinamismo social la falta de recursos humanos y económicos. La radio y la televisión estatales debería ser la parada obligatoria de los egresados de las escuelas de comunicación y la cabina y el foro de los artistas de las diversas disciplinas que se imparten las universidades y centros de formación artística. La radio y la televisión sostenidas por los contribuyentes deben tener espacio para la pluralidad ideológica, para la polémica, para la crítica argumentativa. Deben ser, por definición, un espacio público. Seguirlas manejando como oficinas de prensa y de relaciones públicas del gobierno en turno es condenarlas al ostracismo, la invisibilidad, al cambio inmediato del cuadrante radiofónico o televisivo. Un gasto inútil. Cuando, con voluntad política, esa radio, esa televisión, podrían ser la línea de trasmisión con la que el gobierno dialoga con sus mandatarios, los ciudadanos de Hidalgo.
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