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Miércoles , 20.03.2019 / 03:43 Hoy

Sonido & visión

Mark Hollis y Talk Talk: hablando desde el silencio

Fernando Cuevas

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Tenía veinte años en retiro, al menos en cuanto a publicar canciones se refiere. Formó uno de los grupos clave de los ochenta, de ésos que sin negar su época y cruz de parroquia, lograron retomar y trascender los géneros predominantes para crear un estilo sonoro diferenciado, respondiendo más a las propias inquietudes artísticas que al imperativo de las disqueras. Ensanchó los márgenes del new wave a través de la incorporación de influencias diversas –del jazz al avant garde, del popart al tecno y del rock al ambient- y de una búsqueda que siempre implicó mirar hacia delante, sin anclarse a pasados exitosos y arriesgando la aceptación de contratistas y seguidores.

Originario de Tottenham, Mark Hollis (1955-2019) pintaba para sicólogo infantil pero en un momento determinado decidió cambiar de trayecto profesional, quizá en perjuicio de los pequeños a los que pudiera haber atendido pero en beneficio de millones de orejas, niños incluidos. Formó a mediados de los setenta una banda llamada The Reaction, con la que grabó un demo y unas canciones que aparecieron en alguna recopilación o como sencillo, sin llegar a cuajar en disco largo. A través de su hermano mayor, productor y disc jockey, entró en contacto con Paul Webb (bajo), Lee Harris (batería) y Simon Brenner (tecladista), con quienes integró Talk Talk en 1981.

Cambiando de atmósferas: el hazmerreír al final de la fiesta

Su trayecto fue de la luz a la oscuridad, como corriendo en sentido contrario a la salida del túnel. En su debut, The Party’s Over (1982), anunciaron el final del regocijo enclavado en un synthpop muy propio de la época, cercano al de bandas como New Order, OMD, Ultravox y Human League, con matices del estilo conocido como new romantic, abonado por grupos dueños del mainstream entre los que se ubicaba Duran Duran, con el que compartieron productor (el reconocido Colin Thurston, quien venía de trabajar con David Bowie e Iggy Pop) y presentaciones en vivo, fungiendo como teloneros. La presencia de Roxy Music se paseaba como una influencia mayor en la propuesta del grupo.

La llamada de atención del álbum corrió, sobre todo, por cuenta de algunos cortes memorables que mostraban un talento prematuro, si bien todavía en desarrollo y no del todo distintivo, para el uso de los teclados en rítmicas enfáticas, melodías emergiendo del suelo con dosis emocionales y letras de mayor alcance lírico, como Talk Talk, especie de carta de presentación para propios y extraños; Today, vuelto esperado sencillo por su estructura pronto identificable; la pausada y denunciatoria Have You Heard the News? y Mirror Man, presentada en un inicio como sencillo que abriera las tiendas.

Abriendo con la zona grave del teclado, estrategia que permaneció durante todo su recorrido, Dum Dum Girl dio el banderazo a It’s My Life (1984), segundo álbum de la banda ya en plena evolución creativa y cuya canción titular permanece como una de las más importantes de la década no tan perdida, planteando un himno sobre la autonomía personal, en tanto Such a Shame, segunda pieza más conocida aún manteniendo intacta su anhelante tesis cual hombre que lanza los dados, expandía los momentos para expresar cierta imposibilidad ante el cambio frente a las tendencias imperantes.

La emotividad de Renée con todo y la profundidad de los teclados y esa vocalización de particular angustia contenida (por momentos recordando a Peter Gabriel), contrasta con el elástico bajo que guía Does Carolina Knows: ambos cortes contribuyeron, además de los éxitos radiales que abrieron fronteras y le dieron reconocimiento popular a la banda, a posicionar al grupo en el escenario rockero siempre en proceso de reformulación, así como la contribución de Tim Friese-Green, productor, responsable de los teclados y en los hechos un miembro más del trío, supliendo a Brenner.

Con la participación de Steve Winwood y David Rhodes, The Colour of Spring (1986) representó otro paso hacia la indagación y apertura, sin dejar del todo el camino andado como en Give It Up y la fantasiosa Living in Another World, pero incorporando una vertiente más acústica y aireada por momentos, con sutiles acordes jazzeros, como se advierte desde Happiness is Easy, incluyendo presencia infantil en los coros; las tonalidades rockeras aparecen con mayor preponderancia y hasta el influjo del krautrock invade en Life’s What You Make It, con ese piano en convivencia con la guitarra, transitando a la media luz de April 5th y Chamaleon Day para cerrar con Time It’s Time, o más bien dejar la puerta entreabierta cual vaso comunicante para mirar por el retrovisor pero como soporte para otear el horizonte de alguna imprevisible tierra prometida.

Gracias al inesperado éxito comercial, la banda consiguió que la disquera EMI no se metiera y ni siquiera escuchara previamente el material para su siguiente disco: Hollis aprovechó la oportunidad y profundizó su mirada etérea, oscura y con tamiz experimental. Los músicos invitados se introdujeron en una iglesia abandonada para grabar e improvisar bajo extraños juegos de luces durante largos periodos, en tanto el trío ensamblaba los resultantes seis cortes finales pasados por una atmósfera de tenso sosiego y estructuras rupturistas, incluyendo guitarras en espiral y pasajes de penumbra auditiva. El resultado fue Spirit of Eden (1988), uno de los discos esenciales de la década refiriendo a ese deseado jardín en tonos de oscura abstracción, retomando un ambient con sutiles sonidos de plena organicidad.

El álbum provocó un desacuerdo con la casa disquera por la dificultad para encontrar un sencillo como tal y tras algunas diferencias, rompieron el contrato; Polydor le entró al quite para darle cobijo a Laughing Stock (1991), el disco final del grupo que significó todo un broche de oro, ya sin Paul Webb en la formación y con influencia de Robert Wyatt: seis cortes otra vez en los que se desliza por las cuerdas un artrock de bucólicas texturas, en cierto sentido anticipando lances noventeros relacionados con el postrock y sus oscuros parientes. Después de un silencio de siete años, el líder del grupo grabó en solitario el homónimo Mark Hollis (1998), retomando toda la vertiente dejada a inicios de aquella década. Y después, otro prolongado silencio que alcanzó dos decenios hasta la triste noticia de su fallecimiento.

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