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Domingo , 24.03.2019 / 01:44 Hoy

Sonido & visión

Corona capital (segunda)

Fernando Cuevas

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Continuamos el breve recorrido por algunos de los invitados para este domingo que compartirán sonidos y escenario.

Green Day

Empezaron en los circuitos punketos independientes de California y paulatinamente se fueron convirtiendo en el grupo de referencia del revivalismo noventero, sobre todo a partir de su rompedora obra Dookie (1994), aparecida después del EP 1000 Hours (1989) y los largos 1,039/Smoothed Out Slappy Hour (1990) y Kerplunk (1992). Ya con la fama a cuestas, grabaron Insomniac (1995) y Nimrod (1997), sellando la década que los catapultó hacia fuera de los circuitos alternativos. Arrancaron el nuevo milenio con el energético pop de Warning (2000) y abrieron las puertas teatrales con su opus magna American Idiot (2004), convertida en obra teatral en el 2010.

21st Century Breakdown (2009) continuó la tendencia grandilocuente característica de las óperas-rock, ya jugando en las grandes ligas del mainstream, y después se destaparon por partida triple con ¡Uno! (2012), ¡Dos! (2012) y ¡Tré! (2012), mostrando prolífica consistencia dentro de los márgenes de su radar estilístico, confirmado con Revolution Radio (2016), en el que buscaron canalizar inquietudes estilísticas desde su posición de estrellas roqueras, siempre más demandante aunque tentadoramente cómoda.

Grizzly Bear

Su propuesta está construida con base en un pop con lances experimentales que igual recurre a la vertiente psicodélica del folk que al postrock cercano a la intensidad de Mogwai. Sus letras pueden ir de la ironía como forma de expresar la realidad circundante a la profundidad de los sentimientos que de pronto nos pueden consumir sin que nos percatemos con claridad. Y así, prácticamente sin avisar, se han convertido en uno de los grupos centrales del rock actual, encarnando con vehemencia la posibilidad de combinar géneros y a partir de ahí, edificar un estilo plenamente identificable, a pesar de compartir estéticas sonoras con otras bandas contemporáneas y de manifestar influencias de tiempos inmemoriales.

Grizzly Bear empezó en casa. Edward Droste grabó una serie de canciones en su departamento de Brooklyn que fueron re-trabajadas con la ayuda de Christopher Bear, afecto al free jazz y a la electrónica. El resultado circuló entre los cuates y finalmente tomó la forma de un álbum debut titulado Horn of Plenty (2004) que muy pronto se ubicó en el gusto de la escena alternativa de Nueva York, gracias a la versatilidad de sus composiciones que se introducen en una atmósfera de cierta melancolía con escaso alumbrado, donde ciertos estados de ánimo parecen cobrar vida sin haber sido convocados.

Con novedad en su alineación, firmaron Yellow House (2006), segundo largo que significó su entrada a la cúspide de las bandas de reciente formación y recordando por momentos a Neil Young, Veckatimest (2009) representó el reconocimiento de los grandes públicos, confirmando que ya están en pleno dominio de su propuesta, cargada de medios tiempos y con piezas del calibre de Cheerlader y Foreground, con todo y ese piano de cerebral belleza, abriéndose paso entre una contenida instrumentación y vocales etéreas.

Shields (2012) plantea la intención de buscar un mayor dinamismo en las instrumentaciones y la rítmica, aunque las angustias de la pérdida y la soledad se mantienen en primer plano, como si desiertos invadiendo el rostro se tratara; no faltan las inasibles incursiones sonoras al fondo de la estructura melódica; la tendencia continuó en el espléndido Painted Ruins (2017), sensible reflejo del crecimiento de los músicos, con todo y sus descubrimientos musicales y experiencias vitales de índole personal: después de todo, lo que queda por hacer es embellecer las ruinas en las que uno está destinado a habitar.

Alt-j

Primero se llamaron FILMS y después cambiaron su nombre a una de esas combinaciones de teclas que hay que apretar de manera simultánea para que algo suceda (¶). Compañeros en la universidad de Leeds, los cuatro integrantes empezaron a hacer ruido con algunos sencillos hasta que debutaron con el muy bien recibido An Awesome Wave (2013), combinando con elegancia el folkpop, la electrónica y ciertos aires del rock independiente; ya sin su bajista y quedándose en formato de trío entregaron This Is All Yours (2014), álbum que no solo aprovechó el impulso de su debut, sino que potenció la experiencia a través de un labrado más fino de las canciones. Tomándose las cosas con paciencia, entregaron después el más calmo Relaxer (2017).

The Shins

Primero aparecieron en Albuquerque bajo el nombre de Flake Music y grabaron el álbum You Land Here, It’s Time to Return (1997). Ya como The Shins, James Mercer y compañía (Crandall, Hernandez, Sandoval y Langford) firmaron Oh, Inverted World (2001), ahora clásico en la mejor tradición del pop sesentero, explorando una cautivante capacidad melódica. De mayor dinamismo eléctrico y todavía conservando el filo intacto para la composición, presentaron Chutes To Narrow (2003), obra confirmatoria que los daría a conocer más allá de los circuitos indie, a lo que contribuyó, casi sin querer, la película Tiempo de volver (Garden State, Braff, 2004): como dice Natalie Portman en el film, The Shins te puede cambiar la vida.

Ya con el reconocimiento a cuestas, grabaron el estupendo Wincing the Night Away (2007), mirando al frente pero sin perder el terreno ganado, en contraste con Port of Morrow (2012), en el que James Mercer, quien antes formó el proyecto Broken Bells junto a Danger Mouse, parece querer empezar de nuevo con otros cómplices, intención que de cualquier manera le resultó bastante creativa tal como se advierte a lo largo del álbum. Están de vuelta con Heartworms (2017), entreverando los géneros acostumbrados aderezados con un toque de psicodelia.

cinematices.wordpress.com
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