• Regístrate
Estás leyendo: El odio
Comparte esta noticia
Miércoles , 20.03.2019 / 07:49 Hoy

Neteando con Fernanda

El odio

Fernanda de la Torre

Publicidad
Publicidad

Debemos desarrollar y mantener la capacidad de perdonar. Aquel que carece del poder del perdón carece del poder del amor. Hay algo de bondad en el peor y algo de maldad en el mejor de nosotros. Cuando lo entendemos, somos menos proclives a odiar a nuestros enemigos.
Martin Luther King, Jr.

¿Qué es el odio? El diccionario nos dice que es la antipatía o aversión extrema por algo o alguien que nos disgusta intensamente. Sentir aversión extrema por alguien, no sé si sea aconsejable, pero es válido. En algunos casos, hasta entendible. ¿Cómo no odiar a quien te hirió profundamente, como a un violador o el asesino de un ser querido? Este odio es el sentimiento específico para una persona concreta, derivado de una acción; a pesar de que es entendible nunca es aconsejado. Terapeutas recomiendan dejar de cargar con el costal de este sentimiento ya que odiar a alguien o algo requiere de esfuerzo. Usar esta energía en odiar hace que ya no tengamos suficiente para otras cosas que nos harán felices.

Tristemente, últimamente hemos visto ejemplos de odio e intolerancia que no provienen de una acción, ni se dirigen a una persona en concreto sino que son derivados del miedo a lo "diferente". Entendiendo por "diferente" a alguien que no piensa como yo, no es de mi país o no ama como creemos que debe hacerlo. A pesar de que nadie en concreto nos ha lastimado, sentimos odio. Queda claro que éste busca construir muros, aislar o negar la igualdad. Nada positivo para una comunidad.

Imposible cerrar los ojos al discurso nacionalista, aislacionista, insular, racista y xenófobo de los principales promotores de brexit. Este discurso no está fundamentado en razones o hechos concretos, sino en miedos, mentiras y suposiciones. Lo mismo podemos decir de las aseveraciones de Trump sobre los musulmanes o mexicanos, o de los penosos comentarios de los jerarcas de Iglesia católica en México sobre el matrimonio igualitario. Un triste, muy triste, ejemplo de lo que sucede cuando el odio pasa de las palabras a la acción lo vivimos hace unas semanas, cuando un hombre de 29 años decidió abrir fuego entre los asistentes de la popular discoteca Pulse en Orlando. Este acto de terror y odio le costó la vida a 50 personas e hirió a otras 53.

Sembrar la semilla del odio y el miedo puede parecer redituable. Muchas personas encuentran en ese falaz discurso la explicación a sus problemas. Es siempre más fácil buscar razones para odiar a alguien que para sentir empatía, encontrar diferencias, que similitudes. Es más sencillo culpar a otros que reconocer que somos los causantes de nuestras miserias. El problema es que es imposible predecir dónde va a llegar el discurso del odio o saber a quién va a lastimar. Generalmente sus consecuencias van mucho más lejos de lo que pensamos.

En el caso del referendo en Reino Unido, las primeras consecuencias ya se manifestaron. En un parpadeo, la libra esterlina llegó a su nivel más bajo en 30 años, bancos norteamericanos anunciaron que moverán algunas de sus operaciones fuera de la Gran Bretaña, la incertidumbre e inestabilidad se hicieron presentes en todos los mercados. De pilón, el brexit impulsó a los eurófobos de otros países a presionar sobre su permanencia en la Unión Europea (UE) y, probablemente, Escocia, pida otro referendo para saber si quieren seguir siendo parte de la Gran Bretaña. Millones de británicos se sienten confundidos, asustados y enojados. Intoxicados por un patriotismo mal entendido. Quienes votaron por abandonar la UE perdieron de vista que es la unión la que hace la fuerza y que actuar en base al odio o al miedo es siempre un error.

Si hay algo cierto del odio, además de que envenena (a personas o comunidades), es que tarde o temprano regresa corregido y aumentado. Es como un bumerán que nos sorprende por la espalda en el momento menos pensado y con una fuerza mucho mayor de lo que generamos.

Estudios científicos que han buscado la raíz del odio en el cerebro encontraron que se encuentra muy cerca de la parte en donde sentimos amor. La ciencia comprobó lo que supimos siempre: del odio al amor solo hay un paso. Por el bien de todos, empecemos a dar ese paso ¡ya! Termino con otra frase de Martin Luther King Jr: "No violencia no significa evitar solamente la violencia física externa sino también la violencia interna del espíritu. No solo te niegas a dispararle a un hombre, pero te niegas a odiarlo".

fernanda@milenio.com
http://www.milenio.com/blog/fernanda
Twitter http://twitter.com/FernandaT

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.