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Domingo , 21.04.2019 / 23:26 Hoy

Juego de espejos

El lado correcto de la historia

Federico Berrueto

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Desde la presidencia de José López Portillo no existía mandatario cuya vehemente pretensión fuera estar del lado correcto de la historia. Al ex presidente de triste recuerdo lo inspiraba su estirpe y su cultura. El caso de Andrés Manuel López Obrador es diferente, de origen le viene la idea de predestinado, de escogido, de allí su reciedumbre, persistencia y convicción de que él es el eje de la transformación. Y lo está logrando.

El éxito de López Obrador está en la cultura profunda del mexicano con fijaciones que duermen en las capas más profundas del alma nacional, como dijera Octavio Paz. El regreso de Quetzalcóatl rememora un origen y un destino igualmente gloriosos, y de alguna manera sincretiza la visión escatológica del origen y el final por igual del cristianismo, la religión dominante en el momento de la llegada de los españoles y el marxismo. El mañana será de grandeza como expresión de un destino manifiesto, diferente al del vecino al norte; aquél habla del poder terrenal, el de aquí es el paraíso, sin clases, sin desigualdad, sin opresión: el edén.

A esto remite con particular insistencia la prédica de López Obrador; el poder del dinero ofende; se requiere del poder moral, de aquél que enfrenta con determinación y sin concesiones a los intereses creados, unidos por la corrupción que viene no de la política, sino del dinero. El núcleo de la mafia del poder no es el gobierno y las élites políticas, sino los empresarios ávidos de enriquecerse sin límite, sometiendo a unos y otros a sus intereses, a costa del pueblo y de su elevado destino.

En la perspectiva de López Obrador estar del lado correcto de la historia es una misión que no atiende la economía, la ley ni nada que signifique una contención para lograr lo que se pretende. Aunque sea un disparate hay que exigirle al heredero del conquistador, perdón, no importa que se ignoren siglos de virreinato y la autenticidad de la identidad nacional, lo que importa son los pocos años de guerra bajo el generoso amparo de la leyenda negra. Simplificar mueve y conmueve.

Lo mismo ocurre con las referencias maniqueas de los procesos y personajes de la Independencia, la Reforma o la Revolución. La misión es herencia, es continuidad y viene envuelta de una proclamada cuarta transformación. La fuerza del proyecto no está en su veracidad, sino justamente en lo contrario, en la capacidad de imponer sueño y fantasía sobre realidad. Por eso el voluntarismo presidencial que a no pocos ilustrados les parece insulto. Y lo es, los números ajenos y propios del desempeño del gobierno no importan, lo que vale es la palabra matutina de quien conduce el sueño y la fantasía de millones y millones de mexicanos.

No importan los homicidios, la ausencia de justicia ejemplar, tampoco la preocupante baja de los indicadores económicos, no solo hay un pasado inmediato y lejano al que culpar, hay, sobre todo, una misión, un proyecto por promover y defender de los enemigos de siempre, ayer conquistadores, después conservadores, con Madero golpistas, que ahora conspiran contra México y su elevado destino bajo la máscara de la libertad de expresión, las organizaciones civiles, los órganos autónomos o la exigencia ridícula sobre la presunción de inocencia y el debido proceso.

El país cambiará. Lo hará para mal. No habrá un colapso del consenso como algunos suponen. Será un tránsito penoso, con un país polarizado, otros abonados en el miedo que inmoviliza y las masas comiendo de la mano del caudillo, millones de electores despojados de su dignidad por el asistencialismo presidencial.

Por ahora se destruye mucho de lo existente. Asombra la ausencia de resistencia y más aún la complacencia de los más afectados por este proceso que, por su autoritarismo e intolerancia, quedará del lado incorrecto de la historia.

fberrueto@gmail.com 

 @berrueto

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