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Miércoles , 24.04.2019 / 17:35 Hoy

Juego de espejos

¿Ahora sí ganará López Obrador?

Federico Berrueto

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La ventaja de López Obrador no solo se debe a una campaña anticipada y a sus dos campañas presidenciales anteriores, también se explica porque su postura crítica y de rechazo al orden de cosas va a tono del ánimo social del electorado. La situación es diferente respecto a las de las dos elecciones pasadas; si se repitiera una contienda como la de 2006 entre cambio o continuidad, seguramente la ganaría López Obrador con amplia ventaja.

La competencia de 2012 se dio entre los dos opositores, ganó el candidato de la coalición del PRI bajo la expectativa mayoritaria de que un cambio moderado que recuperara la experiencia de gobierno con un político joven y diferente al estereotipo del priista sería la mejor opción a futuro. López Obrador se quedó en el camino, aunque repitió con una significativa votación, algo que no ocurrió con Cuauhtémoc Cárdenas en 1994, después de la elección histórica de 1988.

La situación ahora es diferente. El miedo al cambio es considerablemente menor al de la continuidad. De hecho es un acierto que el PRI haya optado por un candidato no militante de partido. De la misma forma, Ricardo Anaya ha resultado muy exitoso al presentarse como un candidato con singular energía de crítica al orden de cosas. Ahora Andrés Manuel ha perdido la condición del candidato del cambio; ese lugar lo tiene compartido con Meade y particularmente con Ricardo Anaya.

La estrategia de López Obrador de encajonar al PRI y al PAN como lo mismo era lo obligado. Lo hizo con singular éxito Jaime Rodríguez en 2015, en la elección de Nuevo León, y ganó con una abrumadora mayoría desde una posición independiente. Una campaña exitosa no solo se refiere a lo que se dice de sí mismo y se alcanza a convencer, sino también a la manera de diferenciarse positivamente del otro. El multipartidismo y la pluralidad vuelve el juego mucho más complejo, aunque casi siempre la elección se resuelve entre dos opciones.

La irrupción de Anaya en coalición PRD, Movimiento Ciudadano y PAN como intransigente opositor al PRI y al gobierno, así como la embestida que desde el poder se ha emprendido contra él, le ha resuelto uno de los mayores desafíos y que echa abajo lo que estaba tejiendo con éxito López Obrador: PRI y PAN son lo mismo, la única opción de cambio es Morena y su candidato presidencial.

El escenario de un PRI en tercer sitio y una clara ventaja de López Obrador y Morena puede sufrir modificaciones en lo que viene hacia delante, ya que los tres principales candidatos, además de los independientes estarán disputando el cambio.

En la antesala de las campañas se advierte que no hay candidato que domine la propuesta de cambio al orden de cosas. El mismo candidato José Antonio Meade, una vez que ha mantenido la cohesión en torno a su candidatura de los partidos que le han postulado, singularmente el PRI, deberá emprender una campaña a partir de su condición ciudadana. Su éxito estará en la medida en que pueda comunicar que él es la opción de cambio confiable, seguro y auténtico. Su biografía da para ello, el reto está en comunicarlo.

Ricardo Anaya ha crecido porque ha sabido conectar con el electorado y plantarse como creíble opción opositora al estado de cosas. A diferencia de Meade, tiene amplia libertad respecto a los partidos que le postulan y los factores que han impulsado su candidatura. Sus posibilidades de éxito están en ganar terreno en la base social que aspira al cambio y que habían visto a López Obrador como la única opción para castigar al PRI y al gobierno.

López Obrador tiene ventaja; sin embargo, su situación puede complicarse a partir de la recurrencia de errores que cobrarían mayor costo conforme él sea visto no como el opositor, sino como el futuro presidente. Ha sabido sumar talento y prestigio en su entorno, pero pifias como las de la amnistía a criminales, el entendimiento con lo peor del gremio magisterial, la propuesta absurda de una Constitución moral y la postulación del desprestigiado líder minero Napoleón Gómez Urrutia pueden significarle una merma en su aparente inamovible base de adherentes y su credibilidad como opción diferente.

AMLO es bueno para el activismo social, ha sido lo suyo desde siempre. Su intransigencia y persistencia son admirables, pero sus limitaciones intelectuales, conservadurismo y autoritarismo se le vuelven en contra, más en condiciones de escrutinio público y debate, a lo que se agrega el giro pragmático que le hace sumar a todo y de todo, repartiendo a discreción indulgencias y absoluciones, lo mismo que encendidos reclamos y enérgicas condenas. Si persiste en el error y la soberbia moral, el voto útil le puede hundir en la recta final.

fberruetop@gmail.com

Twitter: @berrueto

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