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Sábado , 20.04.2019 / 05:49 Hoy

Juego de espejos

2017, el año del malestar

Federico Berrueto

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No está claro si el gobierno tuvo en claro la magnitud del malestar por el incremento del precio de las gasolinas y el diésel. Razones técnicas y de obligada responsabilidad financiera llevaron a tal decisión. Lecciones dolorosas del pasado, como la de 1994, indican que posponer o diluir medidas correctivas por razones electorales conducen al peor de los infiernos. Pero la indignación allí está. Funcionarios y ex funcionarios se esmeran en la defensa de la decisión. El rechazo tiene consecuencias y no solo se dirigen a la autoridad, sino al conjunto del sistema político. Un elemento más para que la opción antisistémica cobre relieve.

En la argumentación gubernamental hay razones convincentes, pero también inexactas como aquella de que bajos precios de gasolinas benefician solo a los económicamente más acomodados. El incremento repercute a todo, particularmente en la inflación, una de las formas más injustas y generalizadas de socializar una mala economía. ¿El incremento necesario? sí, ¿temporal?, deseable así sea, pero los efectos allí están, en un aumento desproporcionado del enojo por ahora de las clases medias, más delante, si repunta la inflación, del conjunto del cuerpo social.

El descontento adquiere fuerza por la situación de privilegio de la clase política. Su élite de manera generalizada vive condiciones que no se cotejan con sus ingresos oficiales. Los legisladores tienen remuneraciones ordinarias y extraordinarias que ofenden a la población. Los directivos de los organismos autónomos también están en el rango de los pudientes en un país muy desigual y ahora en dificultades económicas. Muchos gobernadores y alcaldes radican en un mundo aparte, muy ajeno al de aquellos a los que otrora les pidieron la confianza y el voto.

Conjuntamente con el incremento de las gasolinas el gobierno debió anunciar una serie de medidas emergentes para disminuir el gasto corriente y los excesos de la alta burocracia y élite política. Todavía es tiempo, y se debe entender que la afectación no es pareja y, por lo mismo, el incremento de gasolinas mucho ofende.

Un país dividido frente a la amenaza del exterior remite a los episodios más dramáticos y tristes de la historia nacional. En perspectiva, la unidad es un tema sustantivo, aunque muchos pretenden resolverla con retórica. En el plano de la realidad no solo son los intereses encontrados los que explican el encono y la fragmentación políticos, también es un régimen y un sistema de representación que ha perdido ascendiente en la sociedad. Aunque se la cobran al más visible, el costo es para todo el sistema político. El consenso hacia el gobernante no es un tema frívolo, sino una condición útil para el ejercicio del poder, un elemento importante de la legitimidad.

Desde hace más de una década, con el desenlace de la elección presidencial de 2006, se ha aprendido a vivir en el disenso. Sin embargo, las condiciones de ahora son más serias por un rosario de crisis mal encaradas y peor resueltas. Allí están los casos incriminatorios de gobernadores de los tres partidos, los escándalos que involucran a la élite gobernante, los errores regateados y guardados bajo el tapete, el apostar una y otra vez a la desmemoria. Lo conocido es suficiente para documentar el pesimismo; sin embargo, lo que más preocupa es lo que viene, lo todavía por conocer. Sería iluso pensar que lo peor ya pasó. Solo como ejemplo allí está el gobierno de Coahuila con sus empresas fantasmas, igual que Veracruz, un caso en medio de los comicios y un gobernador que cuenta con el blindaje del centro por razones de oportunismo electoral. Los tiempos de la justicia y de la ley sometidos al cálculo de un voto regateado.

Quizás no haya mucho espacio al optimismo, pero por eso la exigencia pública debe ser constructiva, esto es, tener perspectiva de la magnitud del problema para incidir en la solución. El ciclo político está en un momento de inflexión. El 2017 es el año de la política en medio del malestar. Es importante el voto ciudadano y para los medios, el ejercicio de la crítica y de la propuesta más allá del desahogo efímero y estéril. Por lo pronto, es preciso exigir una disminución del gasto público que inicie con los legisladores, los partidos y la alta burocracia gubernamental de los tres órdenes de autoridad.

Es preciso que en su mensaje de inicio de año el Presidente advierta las razones del descontento y la incertidumbre de muchos mexicanos. Para ello anunciar las medidas de su gobierno y las que propondrá al Congreso para abordar tres temas de urgente atención: abatir la impunidad, defender la economía familiar y mejorar el desempeño de las autoridades.

fberruetop@gmail.com

Twitter: @berrueto

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