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Sábado , 23.03.2019 / 13:53 Hoy

Columna de Esteban Garaiz

Sin cambiar una coma

Esteban Garaiz

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Dolido adiós a la supertía Vitori

No hacen falta en el corto plazo, cambios constitucionales para empezar a fondo, desde el 1 de diciembre, y aun antes, el cambio verdadero del que está urgida la Nación Mexicana; o sea: la nueva generación de cambio.

Por lo contrario, en materia laboral, por ejemplo, y muy específicamente: en el caso del salario mínimo, lo que urge precisamente es la aplicación estricta del artículo 123, traicionado y violado sistemáticamente durante 36 años por estas administraciones prianistas que no acaban de acabar; y pretenden gatopardearse.

El texto original, y vigente, es de contundencia: “Los salarios mínimos generales deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de sus hijos”.

Así que, sin cambiar una coma de la ley, el nuevo gobierno del cambio estará obligado a sanear de inmediato la corrupta Comisión Tripartita de Salarios Mínimos, con la complicidad igualmente tripartita entre gobierno federal, “representación” patronal y “representación” de los trabajadores.

Habrá que hacer en la CONASAMI lo mismo que, según la mitología, hizo Hércules en los establos del rey de Beocia: desviar el río para arrastrar el estiércol.

Evidentemente, la restauración y reconfiguración de las 6 refinerías existentes, hoy criminalmente desperdiciadas, es de acción inmediata y de efectos igualmente inmediatos para acabar con el gasolinazo. Mientras se van construyendo las nuevas, cerca del abasto del crudo, para completar el gasto, hasta tanto no avanza gradualmente la reconversión de los vehículos a energía limpia, por ahí del 2026 en adelante.

Ni un litro más de crudo exportado, más allá de lo que esté legalmente contratado sin posibilidad legal de cancelación.

Por lo que toca al feroz impuesto a la gasolina, por más de 6 pesos el litro, que es responsabilidad culpable de la mayoría de los diputados actuales, y que es un agravio a todos los mexicanos, será responsabilidad ahora de la nueva legislatura federal que inicia el 1 de septiembre, para la decisión y aprobación de la Ley de Ingresos 2019.

Ahí es donde se va a presentar la gran paradoja. No hace falta ser especialmente perspicaz para vaticinar que esta próxima legislatura federal, Senadores y Diputados, será indefectiblemente la más plural de la historia de la República: tendrá legisladores de los 9 partidos políticos con registro (además de algunos independientes).

Sin embargo, a la hora de decidir sobre cada dictamen, no hay más que dos opciones: a favor o en contra.

Es claro también, por lo mismo, que la disciplina partidaria en la próxima legislatura (y también en los congresos estatales y aun en los ayuntamientos como cuerpos colegiados de decisión) se va a desmoronar; y la convicción política de cada legislador, o regidor, decidirá: a favor o en contra.

No debe sorprender que, en ámbitos empresariales, u otros temerosos del cambio, el candidato de MORENA haya aclarado que “no presentará iniciativas de reforma al inicio de su sexenio, sino a la mitad del mismo”.

Ni debe entenderse como claudicación de los principios proclamados por años, o contemporización con ese sector fuerte de la sociedad. Dos elementos lo fundamentan: primero porque no hay necesidad; y segundo porque resulta útil y políticamente conveniente comprobar las mayorías necesarias en los cuerpos colegiados; incluso la mayoría calificada para alguna modificación constitucional de ser necesario en su momento.

En el caso decisivo de la Ley Federal de Ingresos 2019 (para aprobarse a fines del 2018) será ineludible entrar al tema espinoso y decisivo de los “regímenes especiales”, que, según ha reiterado (sin ser escuchada) la Auditoria Superior de la Federación, suponen un boquete criminal al presupuesto de 500 mil millones de pesos (que ahora se cubren presupuestalmente exportando el patrimonio energético de la Nación).

Ahí vamos “a ver de qué lado masca la iguana”, como se suele decir en el trópico. De una vez: a favor o en contra (porque irse a mear también es votar de otra forma).

Por eso el candidato puede decir apegado a la verdad, que no aumentarán los impuestos. Bastará eliminar privilegios a los 52 grandes, para aumentar la recaudación. Ya Meade lo intentó ampliando la base: de los pequeños contribuyentes. Sin tocar a la cúspide de los grandes NO contribuyentes. Ahí está la gran corrupción y ahí el primer remedio.

No hacen falta confiscaciones, ni expropiaciones. Bastará con que Pemex, Fertimex, el Instituto Mexicano del Petróleo, se recuperen de los destrozos neoliberales.

Escuelas dignas, de la misma calidad para TODOS los niños mexicanos. Con igualdad de derechos. Recuperación de los contenidos según los lineamientos del Artículo Tercero todavía vigente.

www.estebangaraiz.org

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