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Sábado , 23.03.2019 / 07:43 Hoy

Columna de Esteban Garaiz

¿Otra vez América del Norte?

Esteban Garaiz

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Feliz Cumpleaños a mi querido maestro Porfirio Muñoz Ledo


¿En qué quedamos por fin, señor Trump? ¿Somos norteamericanos, o no somos norteamericanos? ¿Vamos a tener muro con dos agujeritos: uno de aquí para allá con crudo, y otro de allí para acá con gasolina?

Porque para nosotros, sólo dos cosas son verdaderamente trascendentales con el Norte de América: Una el trabajo humano siempre que esté legalmente reconocido y justamente remunerado; Dos: recuperar NUESTRA seguridad energética, como fue el legado que recibimos y que en marzo del año próximo cumplirá sus 80 años (y que conmemoraremos, aunque tiemblen a la vista del mes de junio).

Lo del azúcar y de las frutillas y demás, bastará con un poco de sentido común y con recordar y aplicar la famosa “ventaja comparativa”, que tanto pregonan.

Ahí andan muy hermanitos Rick Perry y Pedro Joaquín, de apellido materno Coldwell, haciendo tratos. Ambos son secretarios de Energía: de los vecinos del Norte y de la República Mexicana, respectivamente. No queda muy claro si se anticipan ante un posible triunfo del Proyecto Alternativo de Nación, en junio de 2018, justo a los 80 años y 3 meses de la Expropiación Petrolera por el Presidente Lázaro Cárdenas el 18 de marzo de 1938.

Como ocurrió en aquella memorable ocasión, cuando el Presidente Cárdenas en cadena nacional por radio se dirigió a toda la Nación para explicar a todos los ciudadanos, soberanos, “dando cuenta en este manifiesto al pueblo de mi país de las razones que se han tenido para proceder así y demandar a la nación entera el apoyo moral y material necesarios para afrontar las consecuencias de una determinación” así.

Es mandatario. Informa al pueblo soberano y demanda apoyo.

¿Será que ahora el señor Rick Perry está citando al ex -Subsecretario de Relaciones Exteriores de México, Andrés Rozental Gutman sobre su insistente aspiración a la “seguridad energética de América del Norte”? ¿O será al revés?

Porque si a algo debe aspirar México para recuperar su vigor nacional a partir del 2018, es precisamente a desvincularse, aprovechando la coyuntura internacional de los insultantes desplantes de Donald Trump. A dejar de exportar estúpidamente el crudo a precios derrumbados, que lo serán con toda probabilidad en el mediano plazo, petrolizando de manera criminal, como ahora, el presupuesto federal, por no cobrar impuestos a los grandes grandes.

A recuperar el impulso de nuestro desarrollo propio, como lo fue durante 40 años sin exportar crudo; y producir nuestra propia gasolina, con nuestro propio crudo en nuestras propias refinerías, para garantizar nuestra propia movilidad vehicular. O sea: nuestra seguridad energética sin depender de decisiones erráticas trumpianas, o las que fueren.

¡Qué casualidad que esta “trascendente” reunión (que sí lo es) entre dos Secretarios de Energía, Rick Perry y Pedro Joaquín Coldwell se da por separado de la aplastante reunión de los dos secretarios de Relaciones Exteriores sobre la nueva versión del TLC!

Aquí no estamos hablando de ventajas comparativas y de producciones complementarias entre vecinos. Aquí estamos hablando de un tema estratégico: allí al Norte siempre lo han tenido claro y expreso. Aquí al Sur ya lo tachamos de la Constitución para desmantelar Pemex y uncirnos al Norte.

¡Qué casualidad, también, que la reunión Perry-Joaquín haya ocurrido al mismo tiempo que la farsa del “reciente” anuncio de los enormes depósitos de petróleo de Campo Zama, en aguas someras del Golfo de México, a escasos 60 kilómetros del estado de Tabasco, o sea en aguas patrimoniales, de propiedad nacional de México! ¿No habían visto los mapas satelitales?

Varias consideraciones merece el tema, virtualmente simultáneo, de la reunión promisoria y declaración conjunta, hermanada y sin muros, de los dos secretarios “norteamericanos”: el gringo y el mexicano.

En 1979, cuando el gobierno federal se regía por los principios constitucionales de política exterior establecidos en el artículo 89; y cuando nuestra eficaz y patriótica diplomacia mexicana tenía ganado el respeto y la admiración y liderazgo moral en el ámbito internacional, México y otros países del llamado Tercer Mundo lograron un gran triunfo diplomático: en el nuevo Derecho Internacional Marítimo se reconoció el dominio de cada nación en las aguas “ patrimoniales” por 200 millas, o sea unos 320 kilómetros a partir de la costa.

El Campo Zama, con reservas entre mil 400 millones y 2 mil millones de barriles de crudo ligero, queda desde entonces en aguas patrimoniales propiedad de México. De la concesión privada habrá que hablar en otra ocasión, así como de las empresas concesionarias y extraños vínculos familiares.

www.estebangaraiz.org

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