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Martes , 23.04.2019 / 09:28 Hoy

Columna de Esteban Garaiz

Konrad Adenauer y la economía social de mercado

Esteban Garaiz

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Por su actualidad y por estar representando una genuina y sobre todo realista alternativa al galopante y desastroso neoliberalismo de envergadura planetaria, puede resultar procedente voltear la mirada hacia un sistema sociopolítico que, con todos los bemoles del caso, parece estar resultando exitoso y estudiable: la economía social de mercado.

Realista sí, porque fue la doctrina básica que, en medio de la Guerra Fría y de la confrontación geopolítica entre las dos superpotencias de la postguerra, a partir de 1945: Estados Unidos de América y la Unión Soviética; y también en medio de la confrontación ideológica entre capitalismo y comunismo, sirvió de referencia a Konrad Adenauer, Canciller alemán, para lograr la asombrosa recuperación económica, social, política y hasta psicológica y cultural de su país.

Konrad Adenauer (1876-1967) nació en Colonia, de la que fue alcalde antes de la instauración del régimen nazi, que lo persiguió y orilló. Hombre de sólida formación académica y ferviente católico, fundó el Partido Demócrata Cristiano en 1947 en la llamada República Federal Alemana formada en la parte occidental con tres zonas de ocupación militar: británica, francesa y norteamericana, con excepción de la zona oriental de ocupación soviética que constituyó la que se llamó República Democrática Alemana.

Con ese partido y con fundamento en las encíclicas papales Rerum Novarum y Quadragesimo Anno, sobre la justicia laboral, Konrad Adenauer fue electo en 1949 Canciller (o sea jefe de gobierno) de la Alemania Federal. El resultado de la recuperación asombró al mundo entero. Adenauer resultó reelecto en 1957 y en 1961.

En aquellos tiempos de la Guerra Fría y de su confrontación ideológica, Estados Unidos, que era la única potencia bélica que había quedado con toda su infraestructura económica intacta, diseñó y ejecutó el Plan Marshall 1947, que canalizó créditos y mercancías para contribuir a la recuperación de Francia, Italia, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Austria, Grecia, Dinamarca, Noruega, Irlanda, Suecia, Turquía, Trieste, Portugal, e Islandia, por un total de 8 mil millones de dólares.

También a la República Federal de Alemania con 840 millones, después de reconsiderar astutamente su inicial Plan Morgenthau de 1944, que se proponía la destrucción total de toda la estructura industrial del país, “para poner fin a la potencia militar y económica y transformar a Alemania en un país ante todo agrícola”. Pero un año después había cambiado la correlación de fuerzas geopolíticas frente a la arrasada pero pujante Unión Soviética, con 20 millones de muertos en la guerra.

En esa coyuntura, Konrad Adenauer, con profundas convicciones de justicia laboral, y convencido de que la recuperación alemana debería sustentarse, no sólo en el trabajo arduo de los alemanes, sino también en el propio mercado interno basado en el ingreso decoroso (salario “decente” le llama la Organización de las Naciones Unidas) de los hogares trabajadores, lanzó su programa de gobierno con la economía social de mercado. Programa que duró hasta su retiro en 1963.

Político realista, sin demérito de sus ideales de justicia, era un cercano seguidor de las ideas económicas del británico John Maynard Keynes , Premio Nobel de Economía, que a partir del análisis de la Gran Depresión de 1929, sostuvo que el sano desarrollo económico (y social) sólo puede sustentarse en el poder adquisitivo de las familias trabajadoras.

Ahora, la Fundación Konrad Adenauer difunde las propuestas del gran estadista considerado el padre de la nueva Alemania; y convoca a foros de análisis y debate sobre sus planteamientos.

Sobra decir que la Economía Social de Mercado considera que los derechos humanos elementales, vitales, como el derecho a la vida, la nutrición materno-infantil, la atención (universal) de la salud, la escolaridad, el trabajo y, por supuesto, los derechos políticos deben quedar excluidos de la lógica de mercado.

También propone la aplicación de impuestos altamente progresivos, con fuertes cargas fiscales a las grandes empresas que obtengan altas utilidades.

Adenauer habría coincidido con entusiasmo con el dicho de José María Morelos: “de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto”.

En los foros de debate que en México organiza la Fundación Konrad Adenauer, reiteradamente los participantes han hecho notar las importantes confluencias (no necesariamente identidades) con las disposiciones fundamentales de nuestro Pacto Social de 1917: artículos 3, 27, y 123, dictando la educación universal, gratuita y laica; la rectoría económica del Estado y la facultad “de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público”; y, desde luego, los derechos laborales: entre otros el salario mínimo, la jornada máxima y el derecho a la organización sindical.

www.estebangaraiz.org

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