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Viernes , 19.04.2019 / 11:42 Hoy

Columna de Esteban Garaiz

El alcalde de Jalostotitlán 1618

Esteban Garaiz

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Se llamó Francisco Angel. Era el alcalde de Xalostotitlan en 1618. Sus regidores: Juan de la Cruz, Juan Vicente, Alonso García, Francisco Guzmán, Diego Hernández, Antón Luis: todos indígenas. Se quejan amargamente ante la autoridad de Guadalajara el 3 de mayo de 1618.

El documento publicado por El Colegio de Jalisco, con paleografía, traducción y notas de John Sullivan, en 2003, lleva por título Ytechcopa Timoteilhuia yn Tobicario (Acusamos a nuestro Vicario). Según el editor, el idioma usado en el reclamo es el “náhuatl de la periferia”.

“Yo, el alcalde y los regidores aquí en nuestro pueblo de Xalostotitlán hemos venido ante usted, nuestro señor gobernador. Hacemos una acusación en relación a nuestro vicario, Francisco Muñoz. No estamos ante usted para engañarlo. Ya no aguantamos trabajar con él porque nos maltrata muchísimo.”

Siguen diciendo: “Tenemos miedo nosotros los naturales. Y a este sacerdote no le asustan sus pecados. Los anda cometiendo por todo el pueblo. No pone buen ejemplo a los naturales con su conducta”. “A vista de todo el mundo está amancebado con una española casada. Siempre duerme con ella y cuando se levanta inmediatamente dice misa. Con esto inquieta muchísimo a los naturales”.

No acaba ahí el reclamo: “Nos maltrata mucho. Y siempre me golpea y me azota a mí el alcalde Francisco Angel porque quiere mucha comida…son muchos para alimentar: su amante y la madre, el marido y el negro de la española… no podemos alimentarlos a todos”.

Lo más significativo viene a continuación: “Se han enfadado muchos naturales y han huido y si hoy usted no nos ayuda expulsando al sacerdote, todos vamos a huir. Sin más vamos a abandonar nuestras casas y nuestro pueblo. Y se va a perder el tributo a nuestro señor el Rey”. Y firman “nican toaltepetl Xalostotitlan”. Todo parece indicar que se cumplió la advertencia.

Hay otros dos documentos de especial interés sobre la evolución demográfica de los Altos de Jalisco y Jalostotitlán en particular. Uno de ellos es el número 49 de la revista periódica Estudios Jaliscienses, titulado Los Afrojaliscienses, coordinado por el doctor Andrés Fábregas Puig.

El artículo de Celina Guadalupe Becerra cita: “Para Jalostotitlán, la mención más antigua que se ha podido localizar sobre población cautiva data de 1655 y se refiere a una esclava de nación llamada María de 36 años de edad, quien con sus 5 hijos nacidos en tierras neogallegas, formaba parte de la servidumbre de don Cristóbal Muñoz de Hermosillo, labrador y criador de ganados mayores, propietario de la estancia de Mirandilla y de un hato de 11 esclavos”.

Dice la investigadora que: “los registros parroquiales proporcionan evidencias de que en el siglo XVII se extendió la presencia africana en los Altos, al mezclarse sucesivas generaciones de esclavos con mujeres libres, de tal forma que, entre 1635 y 1645, el 9 por ciento de los bautizos registrados en Santa María de los Lagos-hoy Lagos de Moreno- eran producto de alguna mezcla con sangre negra y para fines de esa centuria alcanzaban el 17 por ciento”.

Dice también la doctora Becerra: “en 1763 la población de la parroquia de Jalostotitlán comprendía alrededor 10000 personas, de las cuales aproximadamente la mitad eran indígenas. La población de origen africano sumaba un total de 2329 individuos: 1766 mulatos libres y 563 mulatos esclavos; los mestizos eran 258”.

Un tercer escrito documenta también de manera esencial el devenir demográfico de los Altos de Jalisco: se titula El Origen de la Población Alteña. Su autor es el respetado doctor Silviano Hernández, que actualmente preside la Agrupación de Estudios Alteños. El librito está publicado en 2003, editado por la Secretaría de Cultura de Jalisco.

Desecha el doctor Hernández de manera contundente y muy documentada, la opinión muy difundida sobre el origen sefardita de la población alteña. Del mismo modo, desmonta la versión del origen francés, de las tropas de Napoleón lll que invadieron nuestro país en la década de 1860.

Para esas fechas, según detalla pormenorizadamente don Silviano con cientos de nombres y apellidos: ya estaba consolidada la población alteña con predominio de colonos españoles, labriegos pobres de origen de casi todas las regiones de la Península Ibérica (salvo Aragón y Cataluña).

La Hacienda de Santa Ana Apacueco “se fundó con mercedes otorgadas por la Corona y por adquisiciones de D. Alonso de Estrada Altamirano… al morir sin sucesión hereditaria testó a favor de sus hermanos… hasta que se fraccionó y vendió a un considerable número de arrendatarios que pagaban anualidad y trabajaron la tierra por una o dos generaciones, hasta quedar dueños”.

Nada que ver, pues, con un grupo de zuavos argelinos musulmanes del ejército francés invasor que cruzó los Altos 100 años después.

estebangaraiz.org

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