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Miércoles , 24.04.2019 / 10:10 Hoy

La Tenencia en tiempos de cólera… electoral

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En 2018 la tenencia cumple 56 años. Ya se puede jubilar, pero no, para qué.

Qué político podría ser tan malvado de abortarlo, ‘chinguesu’, unos añitos más no hacen daño, uno 50… o más.

Don Felipe Calderón decidió “eliminarlo”, aunque nada tonto, ni que estuviera ebrio: fue hasta 2012, a punto de entregar el gobierno y sacarle el juguito con todo y semillas a este impuesto, que lo convirtió de federal a estatal, y “‘ora bebés, ahí háganse pelotas ustedes”.

Ay Jelipe, quizá apostó que sería una decisión (electoral) sabia, pero al final no le ayudó; y no desapareció, siguen siendo un impuesto de canasta básica para muchos gobiernos, que asumen que, “si hay para comprar un carrito con todo y aumentos de gasolina, también hay pa’ pagar más de 10 mil varitos anuales”.

Lo que sea, nuestro otrora líder usó el impuesto como boleto político, y así, de manera gradual, heredó este bonita costumbre a los gobiernos locales, que en la actualidad, bajo diversos esquemas, se mantiene en 14 estados, la mayoría bajo figuras de subsidios.

En Tamaulipas ocurrió un caso singular: en diciembre la Secretaría de Finanzas se portó “buena onda” y otorgó, además de los subsidios heredados, descuentos sobre los mismos, acompañados de un pésimo servicio decembrino con guardias laborales para filas de centenares de personas, y un sistema web insoluble.

Como sea, fue un éxito en la opinión pública, pero el mundo es de los arriesgados… a veces.

Entrando enero, la misma Secretaría anunció que para aquellos a los que los vientos de cambio le hacen lo que a Juárez, vendrían operativos para revisar engomados tamaulipecos, lo que implicaba uno especial para vehículos no emplacados acá.

Obviamente, hubo un mentadero de madre que provocó echar reversa, porque además de quitar al gobierno cowheadiano toda la buena vibra, ser tan osado frente a la elección del 2012, vulneraría el poder panista del estado, y un ‘calderonazo’ nomás no.

El destino de la tenencia en varios estados está sujeto a lo que pase el 1 de julio, depende quién gane en el país, y qué defina la necesidad de su existencia.

Y eso es lo grosero, que la lógica de una política financiera sobre este impuesto, es un reflejo obsceno de la senectud del mismo, de su propia existencia, porque su modo de ser caducó hace 50 años (las olimpiadas de 68) y sigue fuerte, financiera y políticamente.

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