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Domingo , 24.03.2019 / 00:03 Hoy

El desmenuzadero

¿Cuánto cuesta el sueño americano?

Erik Vargas

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A Tamaulipas ya no le duelen los migrantes, aquellos de la tragedia de 2010.

Lo más terrible de un mal es cuando se vuelve normal, y en este Estado, lector mío, la tragedia no se lamenta, se politiza; la violencia es hasta de convivencia, cotidiana.

“A veces hasta extrañamos cuando no hay” bromeó con mueca un amigo, pero los mexicanos tenemos ese don, caricaturizar el dolor, reír de lo inhumano.

Ya no es necesario ni siquiera dictar la carta del menú de delitos que afectan a Juan Pueblo Tamaulipeco, que sale a trabajar porque “hay que jalar aunque haya que pagar”; que se arriesga a las noches de gatos pardos para cenar, beber o bailar “porque no todo es chamba”; que conoce a alguien a quien le pasó algo… o porque una víctima del delito está en su árbol genealógico, “pero la vida sigue”.

Así, coloquial, fue cruelmente ironizada la evasiva migrante de pasar por Tamaulipas, porque San Fernando huele a lo lejos hasta Centroamérica: por debajo de la tierra, por los lomos de “la bestia”, en los susurros de los mitos de sacrificios romanos en coliseos llanos.

La desaparición de 19 personas, bajados de un autobús en una carretera del Estado es uno de los numerosos pasajes de viacrucis migratorio (por el medio que sea) y las crónicas de terror que este Estado (y varios más en el país, por qué no decirlo) siembra y cosecha.

Y el sistema desahuciado de justicia si no ha encontrado una fórmula de reducir el mal de ciudadanos, menos de los que pasan en penumbras.

El albergue Senda de Vida en la ciudad de Reynosa narró a la reportera Carolina Infante “para las personas que no conocen el país, que son migrantes, traen un temor, y viven con el temor en la ciudad”.

“... el día de ayer estuve platicando con un cubano y llegó ahí con nosotros alarmado por lo que le había a él sucedido y esto es el diario vivir para estas personas, que les quitan su dinero y tratan de secuestrarlos”.

Ellos, dejan una vida miserable para cruzar miserablemente hacia una utopía llena de muros que les insulta a lo lejos. Lo hacen a sabiendas que en el trayecto existe ese menú de negocios que significa ser humano y vulnerable, ser migrante, un nadie para la mayoría, un botín, un soldado, un servicio, un discurso político.

Es un trayecto muy caro. _

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