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Igitur

Roma

Erandi Cerbón Gómez

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Que Dios nos libre de los comerciantes, sólo buscan el lucro personal. Que nos libre de Romeo y Julieta, sólo buscan la dicha personal. Líbrenos de los Héroes de Iquique, de los Padres de la Patria, no queremos estatuas personales. Si todavía tiene poder el Señor, que nos libre de esos demonios y que también nos libre de nosotros mismos, en cada uno hay un comerciante ávido de lucro, un Romeo demente que sólo sueña con poseer a Julieta, un héroe teatral en convivencia con su propia estatua. Dios nos libre de estos demonios si todavía sigue siendo Dios
Nicanor Parra

Iba a relatar la armonía que inspira la belleza del Tíber. Lo haría guiada por su arquitectura, que vincula el ensueño a una realidad histórica, política y cultural; sin embargo, al quedarme literalmente sin la herramienta necesaria (mi laptop) para desempeñar cómodamente está labor que debe evitar sobresaltos, las reflexiones tomaron otro rumbo. Aunque sé que lo indispensable para escribir es tener algo que contar.

Después de cargar con un equipaje que en cada aeropuerto tuvo problemas de sobrepeso, en la última escala de regreso “desapareció”: primero tomé con poco sosiego el hecho de perder “cosas importantes”, luego caí en la cuenta de que nada había extraviado: cargo en la memoria grabadas imágenes de Bernini, Caravaggio y Boticelli, los jardines de Villa Borghese y las plazas, el gusto de comer guisos artesanales, la intensidad del café romano y una escapada a Nápoles.

La vida misma tiene siempre estrategias para hacernos regresar ligeros de pesadas travesías: los derroteros del destino así obran, pretenden que uno madure entre atolladeros. Apenas si esta lección supone un adarme de lo que implica apreciar cualquier objeto por aquello que representa en lugar de por su precio; y compruebo entonces la importancia de transformarse en una persona sencilla, práctica y funcional. Actuar significa aceptar, emprender, modificar, transformar y crear.

Que creer y crear entreveren tiempos verbales, prestándose mutuamente sus dos juegos significantes, no podría ser coincidencia. Puesto que cuando digo “yo creo”, en verdad, ¿qué estoy haciendo sino dos declaraciones a la vez? La fe y la acción al unísono. Sí, mantengo la esperanza de recuperar algo; resignarse a nadie le parece grato, aunque tampoco fuerzo al futuro para que devuelva aquello que incluso estorba. Rara vez algo material vale lo que cuesta, somos víctimas de un sistema del que urge emanciparse. Existen falsos lugares comunes erguidos sobre planas superficies por quienes temen las pedregosas profundidades. Absurdo. Seguro que el abismo aniquila con menos violencia.

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