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Viernes , 26.04.2019 / 01:19 Hoy

Igitur

Que no te guarde tu libertad

Erandi Cerbón Gómez

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 La construcción
es el estado del universo
en un instante cualquiera.

John Berger

Obligarse a pensar un tema exige forzarse a comentar algo muy concreto, elaborar una serie de conjeturas que salen de lugares donde solamente moran la incertidumbre, falta de convicción o una vulnerabilidad crítica, y hay problemáticas, tanto viejas como modernas, para las que cualquier intento por desglosarlas parece insensato, y de empeñarnos caminamos sobre una banda de Moebius: conflictos sociales, ambientales, políticos y económicos que podrían resumirse en retos mundiales de desarrollo e incitan al debate.

“Repetir” es una palabra que difiere de la connotación que ha adquirido “reiterar”: volver a presentar, exponer nuevamente, y no resignarse a no entender nunca nada; sin embargo, más vergonzoso que una persona que “repite” o incluso que nada tiene que decir sería una que da su palabra y la retira, palabras vacías, nutridas de mentiras o con rasgos artificiales de verdad.

Madurar implica dejar de percibir el mundo con la actitud del observador pasivo, quien no interfiere con el curso de las cosas. En determinado momento es imposible evitar adoptar una postura o tomar partido en temas polémicos. Desperdiciar el criterio no podría parecer más que un crimen, afirmaría un hegeliano, algo así como que por pretender olvidar vayamos verdaderamente a deshacernos de los recuerdos. Nos compadecemos del prójimo sin proponernos mejorar antes nuestra condición, de la que depende estar para el otro: adquirir una conciencia legítima y luego nacional. Lo cierto es que nadie debería estar para soportar las falacias de discursos que osan “repetir” y no “reiterar” asuntos que se necesitan comentarse hasta que queden claros. Hallar un modo lúdico de captar el interés cuando las distracciones están a la orden del día, sin llevar a cabo propagandas, resulta una proeza. Conviene ponerse a escuchar comentaristas serios, leer prensa cultural, informarse, elegir cuidadosamente con qué formarse un criterio. Sin embargo, nuestra formación debe tener la extensión, la jurisdicción y los límites de un carácter ético. Es menester forjarlo con el brío que otorgan diversas experiencias.

Gallimard le ofrecía las comodidades necesarias a quien consideraba que tenía el don para crear. Tucholsky propuso una nueva manera de hacer periodismo. Yves Klein tomó la iniciativa de llevar a cabo un arte que rayaba en lo evidente y, sin embargo, no deja de sorprender. O sea: aterrizar la capacidad de abstracción sobre los planos convencionales no habría de significar perder profundidad sino aproximarnos a cuestiones donde estar al filo de la ambigüedad deje de perder el verdadero sentido del tema por estarlo descifrando, al margen de una normatividad, sí, revolucionaria. Nadie está exento de errar pero se puede hacer un acto de contrición; a propósito de ello, de las múltiples puestas en escena que van montando varios personajes, escribe Pirandello: “Basta con imaginar...” Un ejemplo de quien como ley cumplió la vida, representando su papel de hombre: en cada obra vuelve a presentarse como un ser humano y ello le permite crear exento de farsas. El presente acucia al futuro, demanda con esmero definir y esgrimir su contenido aunque, como sostiene Cortázar, “el hombre se resuelva por razones más simples y más ineluctables”.

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