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Viernes , 19.04.2019 / 13:45 Hoy

Igitur

Novalis dos siglos después

Erandi Cerbón Gómez

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Acerca de Novalis (Alemania, 1772-1801) se ha documentado mucho aunque viviese apenas 30 años: breve y prolijo. Más allá del naturalismo espiritualista que predicaba junto con Schiller o de aplicar las doctrinas que aprendió de Fichte, fue un escritor que en ningún momento despojó a la literatura de la solemnidad que merece el lenguaje, pareciendo soberbio por erudito. Muchas personas sienten aversión a leerlo pues prefieren ignorar el conocimiento que transmite. El romanticismo como un movimiento literario en absoluto tenía por qué ser razonable, sí idealista. La imagen que mejor lo representa es una flor azul que persigue en sueños y busca en su novela Henrich von Onfterdingen, convirtiéndose en un símbolo esencial para otros escritores, inclusive más recientes como Fitzgerald, significando “el sentido de la vida, la justificación de nuestra existencia. El Rosebud –salvando las distancias, no la intención– de Orson Welles. El hallazgo imposible”.

Cuando escribe Himnos a la noche, sorprende todo lo que abarca en pocas páginas y quien lo percibe creerá que se explica brevemente, pero no funciona así. La buena voluntad lingüística jamás ha bastado para decir algo, pero sí para decirlo bien. En Novalis el centro del paraíso (perdido) no yace en el cielo sino en la poesía y, partiendo de tal argumento, uno supone ya que el carácter del libro está provisto de misticismo. En contraposición de autores que despojan al lirismo de artificios, él los emplea con la meta de enaltecerlo y todavía resulte comprensible.

Sobresale el énfasis que pone en el azar: Jugar es experimentar con el azar y posteriormente agrega: Lo que llamamos azar es Dios. Cabe mencionar que sea una preocupación por lo desconocido, porque el destino en un sentido alegórico nunca termine cumpliéndose. Debemos estar abiertos a la filosofía para aceptar que otorgue a cada predicado la condición de axioma: ¿Qué vamos a hacer (…) con nuestro amor y nuestra fe?/ El mundo antiguo fue despreciado/ ¿Qué haremos en el nuevo? Daría la impresión de haber nacido en un tiempo que lo incomodaba, y no.

Novalis en aquel entonces ancló una época a la posteridad, otorgándonos hoy la oportunidad de recobrar el gusto por llevar a cabo lecturas que a pesar de ser densas permiten adquirir una perspectiva donde la perfección, el amor y la belleza logran alcanzarse. Romantizar la realidad nuevamente, o sea, conferir a lo vulgar un sentido superior, a lo habitual un aspecto misterioso, a lo conocido la dignidad de lo desconocido, evitando alejarse de ella.

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