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Miércoles , 24.04.2019 / 10:09 Hoy

Igitur

Lo que florece a la misma vez

Erandi Cerbón Gómez

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Era el crepúsculo. Los adultos, de regreso del paseo, reunieron al grupo de muchachos. Los juegos cesaron con una última explosión de intensa alegría (…) mientras las voces iban apagándose (…) la niña de cabellos oscuros reapareció de improviso. Hay relatos que leemos con la tierna ilusión que producen en la infancia. El claro del bosque (editorial minúscula) es un cuento biográfico que describe el ciclo de cualquier ser, en tal caso floral, que puede leerse con la nostalgia de lo que alguna vez fue. La vida explorada a través de otra percepción más allá de lo humano, como Soy un gato de Natsume Soseki o Flush de Virgina Woolf.

Suprimiendo decoraciones, con ligereza y sencillez, Marisa Madieri (Fiume 1938-Trieste 1996) realiza una narración elemental, entreverada con sentimentalismo y sin cursilería, sobre las dificultades del mundo que enfrentan todos sus habitantes. ¿Cuál es el origen de esta autora? Fue cónyuge de Claudio Magris durante casi una década; de nacionalidad croata, muere en la ciudad que acogió desde a James Joyce y Umberto Saba hasta Italo Svevo, donde hallamos buena literatura por cada persona que ahí radique. Con apenas 200 páginas escritas dejó una obra a la que le augura posteridad, será recordada. Paradójicamente, fallece en un sanatorio mental tras sufrir problemas de memoria.

Una fábula negra, que engaña aparentando nihilismo, acerca del arraigo y el desapego: utiliza como elementos las palabras más sofisticadas que corresponden a una vocación literaria reflejada en el puro lenguaje elocuente. La protagonista es una margarita, que “es una margarita, es una margarita”; así como para Gertrude Stein rosa es una rosa es una rosa. Esta pequeña autopsia de la existencia a pesar de contextualizarse en la ficción carece de eufemismos: las cosas son lo que son.

¿Cuánto tiempo viven estas flores? Aunque de corta duración, Madieri elabora una reflexión filosófica propia de años. El éxodo difiere de la novela Verde agua, que en cuyo caso es la crónica de una refugiada que no hace de su libro un alcázar impenetrable, sino que abre las puertas. Conocemos las leyes inmutables, entre cada una de ellas el lapso, largo o corto, ojalá sea sereno; resulta necesario tener pleno conocimiento de las insidias a las cuales nos exponemos.

Definitivamente no conviene prescindir de Madieri ni de la delicadeza que tiene con nosotros, gran ayudante para ignorar cuanto desaire hayamos recibido de alguien mezquino: las flores se inclinaban dócilmente al paso del viento, solo unas pocas, las dotadas, sabían responder al suave contacto del canto.

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