Quienes escribieron en México durante los 50 pertenecían a la “Generación del medio siglo”, como Inés Arredondo (1928-1989), miembro de la Revista Mexicana de Literatura, parangón cultural que encauzaba el teatro, la pintura y el cine.
Entre aquellos que editan con urgencia lo que escriben y otros cuya prudencia les sugiere meditar, Arredondo hace esto último. Se dedica primero a estudiar y después publica. Sus pocos libros bastaron para ganarse, con Río subterráneo, el Premio Xavier Villaurrutia y, con los restantes, la posteridad.
La literatura de Arredondo debería ser motivo de distinción en México, pero aunque su vida fue merecedora de contarse, carecía de ínfulas. Encarnó lo mejor de nuestras humanidades: ex esposa del poeta Tomás Segovia, adorada por Huberto Batis y Juan García Ponce, caracteriza al cuento mexicano.
“Nótese que todos los nombres son indefectiblemente masculinos”, escribe Jorge Volpi al señalar que ella es una de las pocas mujeres en un listado varonil junto con Elena Poniatowska. Arredondo ignoraba el feminismo, simplemente quería un espacio entre los cuentistas, sin distinción de género.
Estío / Las mariposas nocturnas (Libros UNAM), recopila los dos títulos en cuyo material arde el deseo más primitivo, pureza de inicio que no se corrompe ocultado en la mojigatería. Arredondo hilvana su narrativa e inventa tramas no para juzgar los actos que descubre inexplicables o prohibidos. Sí, el personaje literario aunque ficticio tiene rasgos reales: la maestría consiste en ocultarlos.
Los de Arredondo como opina Ana Clavel, son “cuentos magistralmente urdidos donde nada sobra ni falta, que dicen por lo que callan y así, velando algo innombrable son una revelación infalible”.
Erandi Cerbón Gómez
@erandicerbon