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Martes , 23.04.2019 / 19:11 Hoy

Igitur

Buenas maneras

Erandi Cerbón Gómez

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Cuando dilapidamos nuestras fantasías existen construcciones que nos dejan más satisfechos que otras; cada petite histoire fortalece la estructura que unifica nuestra sociedad. Los justos que nombra Borges son un ejemplo: “Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto. El que acaricia a un animal dormido. El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho. El que prefiere que los otros tengan razón. Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo”.

Como Theóphile Gautier, que tras visitar la casa de Honoré de Balzac comentó que “la magnificencia de Jardies apenas existía fuera del territorio de los sueños”, refiriéndose a las ostentosas colecciones que tenía de varias promesas inscriptas en Jardies: un Holbein, un Cranach, y un Durero. O Anaïs Nin, quien, al alojarse donde vivía su padre, él procuró obsequiarle una lección (inolvidable para los que han leído sus diarios): “Una habitación se ordena para que en ella no ocurran ciertas cosas”. Estos incendiarios, cuya cerilla va encendiéndose en la niebla de obras maduras, son figuras que hoy veneramos. Si nosotros lograremos trascender, no hay forma de saberlo; supongo que, de pretenderlo, difícilmente habría mejor excusa que estas fechas para dejar de lado cualquier actitud escénica. Los sucesos mejor contados resuenan conforme van amontonándose en un mismo lugar varias ausencias, suscitando la necesidad de extenderse por escrito en explicaciones personales y, sin saberlo uno, comienza a sostenerse de enunciaciones, como una apuesta contra todo.

Medito entonces acerca de la dificultad de retener el lenguaje, esta miscelánea de impulsos. Supongo que yo busco demasiadas excusas con que remontarme sobre lo inexplicable; sin embargo, hay que ceder a la imaginación. Si latiera en mí la vena poética me dedicaría a escribir versos, y de sentirme atraída por la religión me volvería santa; al no experimentar nada de ello, continúo en la espera de nuevos libros que desempeñen algún papel en la trama que protagonizó.

Podría ser que no estén muertos aquellos que han desaparecido últimamente, sino solo escondidos entre nosotros. Mis cavilaciones me llevan, por lo pronto, hacia no sacar conclusiones y desear que si el año próximo resulta menos que estupendo, no predomine la muerte. Deseo significar y dar las gracias a quienes de alguna manera procuran que no arrumbe lo que buenamente puedo dar, despojándolo de servidumbres. Aquellos que sonríen ante las letras y calladamente las comparten.

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