Política

La rivalidad de dos toreros

  • Punto de Inflexión
  • La rivalidad de dos toreros
  • Enrique Martínez y Morales

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Hay rivalidades que preferimos evitar, y hay otras a las que, con el paso del tiempo, terminamos agradeciendo. 

Durante más de cuatro décadas, Eloy Cavazos y Manolo Martínez protagonizaron una de las rivalidades más encarnizadas y memorables de la tauromaquia mexicana.

Eran dos toreros extraordinarios, con grandes similitudes por un lado, como la generación a la que pertenecían y el origen de Nuevo León; pero por el otro, eran profundamente distintos. 

Manolo era la técnica depurada, el temple y la sobriedad. Eloy, en cambio, era el valor, la entrega, la empatía y una cercanía con el público que pocos han tenido.

Hace unos días tuve el privilegio de asistir al homenaje por el sexagésimo aniversario de su alternativa. 

Más que escuchar la historia de un gran torero, escuché una lección de vida. 

Eloy recordó la primera corrida en la que precisamente tomó la alternativa en la Plaza Monumental de Monterrey hace 60 años. Tenía 17 años y le tocó compartir cartel con Manolo. 

Lo que debía ser el inicio de un sueño anhelado terminó siendo una pesadilla.

La corrida fue un desastre, al grado que esa noche su apoderado le pidió renunciar a la alternativa. 

Pero Eloy pidió una oportunidad más. Solo una. Y con esa bastó. 

De ahí en adelante, su carrera despegó hasta convertirse en leyenda y llegar a ser el último mexicano en haber salido por la Puerta Grande de las Ventas, en Madrid, esto en 1972.

Lo más valioso de su relato, sin embargo, no fueron los trofeos. Fue hablar de su rival. 

Cada vez que alternaba con Manolo en un cartel se preparaba más. Se exigía más. Se arrimaba más al toro. 

Y entonces, después de todo, dijo algo inesperado. Le dio las gracias a Dios por haber puesto en su camino a un gran rival. Eso fue lo que lo obligó a ser mejor.

En un mundo donde solemos mirar a la competencia con recelo, esta es una reflexión poderosa. 

La competencia sana no nos disminuye, nos hace crecer. La complacencia es mucho más peligrosa. Nos adormece y nos estanca.

Eloy Cavazos es un hombre que, después de seis décadas, no presume haber vencido a su rival, sino reconoce haber crecido gracias a él. Ojalá todos encontremos un rival así en la vida. 

Sirvan estas líneas como homenaje a un grande de la tauromaquia que puso muy en alto el nombre de México, pero, sobre todo, a un gran ser humano que, con su humildad y sencillez, sigue dando ejemplo dentro y fuera de los ruedos.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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