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Miércoles , 24.04.2019 / 12:04 Hoy

Crónica

Abrazos, sabroseadas, apapachos

Emiliano Pérez Cruz

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Entre puro prófugo del barrio se forjó el carpintero Pancitas ahora sesentón, jefe de familia, feliz desde que llega a la cita, mochila al hombro: es su fiesta, sábado: las 4 p.m. ¡y eeesto ya inició! desde que sus hermanas alquilaron mesas y sillas, colocaron manteles y servilleteros y en la pared una inscripción: “¡Feliz cumpleaños!”. Clara incitación a la convivencia y a la conbebencia.

El sol se comidió para que la fiesta, bajo el tejaván, tuviera temperatura amable; en la cocina ya hay suficientes mojarras fuera de la freidora, vamos a mover bigote hasta que los pescados empanizados, con ensalada de lechuga yazcan en la bodega de los alimentos; agua de fruta para pasar bocado y tequilines para el desempance; luego, a raspar suela al ritmo que nos toquen, refrescando el gaznate con tequis rebajado con chesco, que al tío Fer le queda como agua fresca que ataranta.

Luego de la chamba y con el sueldo en la bolsa, los invitados fluyen, encargan la mochila y se ensillan luego de los saludos. Comentarios de que el Metro viene hasta el full, en la cola de la pecerda te vi y no me pelaste: te urgía llegar para trompiar. ¡Óyeme, Cachita! A la comida y a la cama una vez se llama. ¿Qué tal la chamba? Pus ai: dos-tres, apenas para ir viviendo.

¿Pasas los platos, por fa? Descomunales mojarras bien doraditas incitan a meterles diente antes que se enfríen. Encerrados para que no den lata, los perros sufren y salivan. A los niños les urge terminar y correr por todo el patio, disputarse el patín del diablo y los triciclos. Pancitas recibe abrazos, sabroseadas, apapachos, deseos de muchos días destos, regalos seguidos del grito: ¡Que lo abra, que lo abra! y los exhiba.

Pausa para que se entonen “Las mañanitas” del Rey Deivid. Esas no, porque lo hieren: Pancitas hace pucheros, emocionado; quienes lo conocen saben que es proclive al llanto gustoso, agradecido; conmovido, y rudo que es el hombre, afronta: Sí, soy chillón porque me gana el gusto y el agradecimiento, ¿y cuál es el pedo?

El momento cumbre: colocan el pastel de tres leches al centro de la mesa de horror y piden al cumpleañero ¡que le muerda, que le muerda! Obligado número: el celebrado intenta dar un mordisco, evitando que el de sangre más pesadita y Rey de la Simpatía le incruste el rostro sobre el pastel, que los convidados habrán de ingerir.

El Rey de la Simpatía no defrauda y Pancitas se yergue con la cara rebosante de merengue. Los poros de las chatas, taponados; también las orejas. Risas, pese a lo rutinario del numerín, pero permite que el del tocadiscos localice el vals que bailará, con la dueña de sus quincenas, el hombre del martillo y la garlopa; alternará con hija e hijos y cuantos más deseen, que al calor de los alcoholes el relajo se abre paso.

Con un manojo de servilletas Pancitas limpia el sudor que le chorrea por el rostro y le entra a su mero mole: el bailongo. Primero: uno, dos, tres: valseo; uno, dos, tres, vuelta y de nueva cuenta: valseo ya en brazos de la tía, la prima a la que se le arrima, el hermano mayor —el Burris—, que es como su segundo apá, hasta que los convidados cumplen turno y entonces la Sonora Dinamita propicia que su domadora, Carmen, pepene a Pancitas y lo baile como a un pingüino, con rodilla de titanium que desquita su costo porque Pancitas es goloso y lo mismo le entra a las rancheras que al zapateado, la cumbia y el merengue, para rematar con su numero estrella: Chúntaro Style: la barriga p’allá y p’acá y el trasero con su mero mole: un meneito cosa rica que te quiero hacé gozá, apoteósico porque Pancitas luce la rayita que hace la paz entre nalga y nalga y se mueve como anoche...

Los chamacos se animan: papa y mamá se sienten la Divina Garza porque ya se preparan para el futuro pachanguero, para que no sufran dedicándose al trago porque nacieron con dos pies izquierdos y con las rodillas al revés. Ser del barrio y no mover la cintura y los hombros es afrentoso, pues.

El hermano Burris reconoce “La danza de los viejitos”, que alguien coló hasta el equipo de sonido; saca juventud de su pasado, coge la mulita de otate que alguien le ofrece y comienza a tirar polilla; no necesita máscara, como cuando ejecutó ese bailable en la primaria: luce larga barba entrecana y el pelo cenizo de un abuelo de 65 añejos bien vividos, también en el ramo de la carpintería.

Los pomos parecen surgir de la nada, uno tras otro. El tío Fer, feliz porque a preparar los tragos nadie le gana. El solo bebe vino tinto, para no sobrecargar al corazón remolón. Pásame otra Fresca, por fa. ¿Le pongo sus gotitas de limón? ¿Escarchada, con o sin hielos? ¿Cuantos? Al cliente, buena atención, para que se ponga a mano con la propina, lo que sea su voluntá. No, pus si es broma. Cómo creyes.

El tiempo domestica a las fieras. Los achaques son tema de sobremesa. Si antes se faroleaba con los ligues más recientes; el encuentro de bandas en el llano, a rocazos; el enfrentón con la tira abusiva, ahora se atiende a los nietos, se miden con la ingestión de chelas porque luego duelen los huesos por el ácido úrico, se habla de la escasez de chamba y los magros salarios, y se concluye que está caón, neta que sí está caón la situación…

No obstante, la pachanga sigue, hay que atender a los rezagados y convidarles aunque sea un taquito, arrímese a la botana; los esperábamos desde temprano, así que usté dispense, ¿un tequilita, un vasito de agua? Ándele, con confianza, no sea ranchero… A las vivas con las bolsas de los invitados, que luego no falta el chamaco uñas largas al que le da por esculcar: no le quiten el ojo de encima, porque en un descuido nos compromete, así como los ves de mosca-muerta…

La noche avanza, la temperatura refresca. Quienes viven lejos comienzan a despedirse y emprenden la retirada, desprenden a los chamacos de los juguetes y agradecen la invitación. Taro, el akita de la familia, escapa y pretende bronquear a los perros de la cuadra. A escobazos lo aplacan y el último apaga las luces.


* Escritor. Cronista de Neza

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