Los bajísimos resultados de la prueba PISA y el descenso considerable en el presupuesto asignado a la educación no son “cosas nuevas”, obedecen a años de ignorar la realidad.
Los romanos nos heredaron la estrategia para sostener la estupidez: pan y circo. Manteniendo a la gente con la panza llena -la cartera justa- y la mente sin pensar, se gobierna mejor porque sin ideas no hay oposición y sin oposición no hay resistencias y sin resistencias sólo queda el conformismo.
Ningún imperio se ha derrumbado sólo por un mal emperador, todos caen, también y, sobre todo, por malos ciudadanos. La labor del ciudadano es tanto o más importante como la del gobernante pero a falta de la primera, sobreabundancia de la segunda. La derivación del poder en el poder absoluto de un solo hombre sólo obedece a la falta de imaginación y criticidad de sus súbditos. El sometimiento a su voluntad, sea cual fuere y la adhesión ciega a sus caprichos convierten la prosperidad en un completo lodazal donde pareciera, además, que todo el que entra, queda empantanado sin poder salir y termina por conformarse con la suciedad como hábito y costumbre.
El asunto no es entonces si gana uno u otro partido, si prevalece un color o una gama de colores, se trata, en el fondo, de una cuestión de educación, tan imprescindible como el aire que se respira, pero ¡hasta a la asfixia se acostumbra uno!
Las niñas y los niños son la semilla del mañana de nuestro país,¿qué podemos esperar del rapto de su mente y el secuestro a sus virtudes? Niñas y niños obedientes pero incapaces para mirar la historia y cuestionarla, sin habilidad para leer el presente y conducirlo y con nula prospectiva del futuro porque desde hoy se les ha enseñado que éste no existe, que lo único que hay es esta miseria y que den gracias porque al menos hay miseria y no “nada”(al más puro estilo sartreano o hegeliano).
La educación no es sólo ir a la escuela, memorizar datos, deducir resultados, comprender lo que se lee o contar números. La educación es, ante todo, asombro, develamiento, cuestionamiento y eterna insatisfacción.
El asombro consiste en no dejar de maravillarse por la vida misma, pero no es sólo sentir gratitud y exaltación, también existe el asombro negativo, la indignación ante situaciones que escandalizan y que no forman parte de una humanidad en desarrollo.
El develamiento es la actitud de mirar la realidad dos veces, la primera para comprenderla y la segunda para preguntarse si así es como debiera ser y descubrir que tal vez no y que exige un cambio.
El cuestionamiento consiste en indagar, buscar, rascar, desenterrar, desempolvar más y nuevas posibilidades diferentes a lo que aparece a simple vista o nos han dejado ver los acontecimientos pasados. Cuestionar la historia, el tiempo presente, nuestro momento y el de los abuelos y permitirse dejar interpelar por lo que aun no ha sido pero quiere ser; y probar, cansarse de intentar y desfallecer probando sólo para, una vez más, volver a intentarlo.
Finalmente la eterna insatisfacción es la permanente inconformidad con lo que se nos presenta como real y posible, es vivir condenados a no conformarnos, a no asentarnos, a no ranciarnos porque el conformismo es el peor enemigo del crecimiento humano.
Cuando estamos satisfechos con la torta y el pastelito o cuando nos conformamos con los depósitos cada dos meses en nuestras cuentas bancarias, sin trabajar por ello, entonces renunciamos a la vida misma y a nuestro derecho a la educación. No es austeridad, es cobardía. No es lealtad, es cuestión de educación.
No salimos mal en PISA porque nuestros niños no saben hacer operaciones matemáticas ni comprenden lo que leen, salimos mal porque no ven la necesidad de aprender a sumar para ahorrar, a restar para invertir y a multiplicar para ayudar a otros. Salimos mal porque no necesitan cuestionar por qué viven cómo viven y por qué mueren como mueren. Porque se les adoctrina a recibir sin trabajar y encima, a reclamar un lugar en la historia que no están dispuestos a asumir.
Se dice que requerimos un cambio pero si éste debe partir de una profunda transformación en el modo en que entendemos la educación no como accesorio y lujo sino como motor de sueños, semillero de anhelos, creación de proyectos y alcance de metas, seguiremos donde estamos hoy o hasta más bajos, dentro de 2,5,10 o 50 años.
El futuro se trabaja, no sólo “nos alcanza”.
Los determinismos sólo conducen a fatalidades, ¿cómo permitirnos ver que la fatalidad no debe ser más el destino manifiesto de México, cuando se asume como natural e inherente? Eso, es cuestión de educación.