Si las capturas de “peces medianos” que no pertenecen a Morena son para encubrir a los “gordos” que forman parte del partido en el poder, el gobierno de la doctora Claudia Sheinbaum Pardo habrá fracasado.
Si las detenciones de Ernesto Ruffo Appel —por contrabando de hidrocarburos— y de Ángel Aguirre Rivero —por la desaparición forzada de los normalistas de Ayotzinapa— tienen la intención de disminuir la presión sobre funcionarios del gabinete de López Obrador investigados por tráfico de combustible y evasión fiscal, de Tamaulipas a Tabasco, y quitar de la mira al Ejército por su participación en el caso Iguala, será recordada por ello.
Si la colaboración estrecha de Omar García Harfuch con las autoridades norteamericanas —para realizar grandes decomisos, desmantelar laboratorios clandestinos y aprehender a integrantes del narco— pretende calmar las graves acusaciones de Estados Unidos contra Rocha Moya y Enrique Inzunza, entre otros, por sus presuntos vínculos con el cártel de Sinaloa, será cuestionada.
Si el objetivo es “salvar el pellejo” de los obradoristas coludidos con los grupos del hampa que, por ejemplo, saquearon a la nación vía “huachicol fiscal” para financiar sus campañas y alimentar las arcas de la delincuencia, no pasará bien a la historia.
Si, por el contrario, la Presidenta decide, trátese de quien se trate, combatir al crimen organizado e impulsar una administración honesta, eficiente, justa y demócrata, se convertirá, ahora sí, en la primera.
Cumplirá dos años… y contando.
Aquí entre nos
Botón de muestra: Iván Alamillo y Verónica Ayala publicaron, con documentos en mano, que Alejandro Arcos Romero —señalado por México y Estados Unidos como operador financiero de la mafia rumana (la de Florian Tudor, ¿se acuerdan?)— se infiltró en la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM) durante la gestión del tabasqueño Rafael Marín Mollinedo (pariente del exchofer de AMLO). Pues resulta que Alejandro Arcos acompaña a Marín Mollinedo en sus recorridos en busca de la gubernatura de Quintana Roo.
En propios expedientes de la UIF se indica que Arcos Romero estuvo detrás de la constitución de 14 empresas fachada utilizadas para lavar dinero.
Hasta el día de hoy, en este, como en tantos otros casos que involucran a la llamada 4T, la FGR brilla por su ausencia.