Hidalgo, que se ubica dentro del top 10 de estados catalogados como seguros, atraviesa un momento de transformación que no es producto del azar, sino de una alineación estratégica de voluntades. El estado, bajo el mando de Julio Menchaca, en coordinación cercana con el Gobierno Federal, que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum, ha dejado de ser un espectador del desarrollo nacional para convertirse en un protagonista central.
Sin embargo, como ocurre con toda gran obra de infraestructura, el proyecto del Tren México-AIFA-Pachuca ha levantado voces de resistencia que, más que argumentos sólidos, esgrimen temores infundados.
El principal dardo de los detractores es el supuesto aumento de la inseguridad que la conectividad traería consigo. Nada más alejado de la realidad estadística y sociológica. Argumentar que el progreso atrae al crimen es una falacia que ignora que la marginación, y no la movilidad, es el verdadero caldo de cultivo para la violencia.
Hidalgo llega a este debate con las credenciales necesarias para desmentir cualquier pesimismo. No es un estado vulnerable; por el contrario, se posiciona actualmente como la segunda entidad más segura de México, solo por detrás de Yucatán. Según el Índice de Paz México 2024, el estado ocupa un sólido octavo lugar nacional, destacando por la reducción constante en delitos de alto impacto como el homicidio doloso y el secuestro.
¿Cómo es posible que un estado que ha logrado meter a municipios como Pachuca y Mineral de la Reforma en la lista de las ciudades con tasas de homicidio más bajas del país, de pronto se vea cuestionado por una vía férrea?
La seguridad en Hidalgo no es una casualidad meteorológica; es el resultado de una estrategia de inteligencia y coordinación que, lejos de debilitarse con el tren, se fortalecerá. Los beneficios son innegables.
El tren será el cordón umbilical que unirá definitivamente a Hidalgo con el dinamismo del Valle de México, facilitando que 46 mil pasajeros diarios se muevan de forma digna y rápida.
Los polos de desarrollo como Zapotlán y la Estación Platah no son solo terrenos; son destinos rentables porque el estado ofrece paz social, un activo que los inversionistas valoran por encima de todo.
El ordenamiento urbano que acompaña al proyecto ferroviario en Tizayuca y Zempoala garantiza un crecimiento planeado, evitando los cinturones de miseria que sí generan focos de inseguridad.
La llegada del tren, impulsada con el respaldo decidido de la Presidenta Claudia Sheinbaum, representa la consolidación de un Hidalgo moderno. Oponerse al proyecto bajo el pretexto de la inseguridad es apostar por el estancamiento. Los datos no mienten: Hidalgo es una tierra de paz y resultados.
Es momento de entender que el desarrollo no es una amenaza a nuestra tranquilidad, sino el blindaje más efectivo para preservarla. El Tren México-Pachuca no traerá inseguridad; traerá la prosperidad que los hidalguenses han esperado por décadas. El progreso ya viene sobre rieles y no hay motivo para detenerlo.