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Domingo , 24.03.2019 / 12:11 Hoy

Intelecto opuesto

Una sociedad en retroceso

Eduardo González

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Son muchas las causas por las que nos encontramos en la situación en la que estamos en México. Un país hermoso lleno de riquezas naturales, con una tierra llena de vida y un clima espectacular, que da cobijo a seres vivos tan diversos como devastadores.

¿Por qué siempre queremos estar dentro de los principales indicadores?, ¿qué acaso no tenemos lo suficiente como para poder dedicarnos a unificar a esta patria y salir adelante?

En todos los rubros padecemos de insatisfacción y no es mentira. Revisemos la formación de valores, el seno familiar, siempre se dice que el mexicano carece de preceptos para tener generaciones honestas y ejemplares. Siempre criticamos a quienes nos parecen sin educación, sin formación, sin amor de familia, a quienes caen por cual sea la causa en desgracia, en prisión, o en la propia muerte. "Se lo buscó", he oído decir en un sinfín de ocasiones.

La educación que tenemos, que no es como la de Finlandia, o la de Dinamarca ¿debería ser así para ser mejores mexicanos?; los gobiernos que tenemos, todos son malos, todos son necios, todos nos roban, todos nos mienten. Al igual que nuestras religiones, todas nos decepcionan, todas nos fallan, todas nos terminan por desencantar, no tenemos la iglesia que nos merecemos, ¿qué nos merecemos, pregunto, pues?

Vengo de una generación a la que nunca se le enseñó que luchar por su país debería ser un orgullo, un motivo hasta aspiracional. Y no me refiero a una guerra o formación bélica, de la cuál también rehuimos, simplemente a poner en marcha nuestras mentes para poder contribuir con algo a nuestras vidas y de paso a la sociedad.

De nada han servido 200 años de sangre derramada si seguimos creyendo que todo se solucionará a base de imponer la fuerza, el miedo y la esperanza como únicas vías para ser lo que somos. De hecho de nada ha servido lo que hoy tenemos si no usamos la inteligencia para unificar criterios, para dialogar como seres pensantes y para buscar acuerdos que nos lleven por la misma ruta a todos.

¿Cuál es el gran problema de la gente?, al parecer es la ira con la que nos manejamos día a día. La misma fuerza que nos levanta en las mañanas y nos pone de malas de inmediato porque algo ya pasó que perturbó nuestra rutina, es la misma con la que nos vamos a la cama tras un día terrible y lleno de situaciones que nos tienen agotados.

¿Qué usamos para contrarrestar la ira?, de nuevo un paliativo disfrazado de esperanza, la ilusión. La eterna promesa de que nos merecemos más por lo que hacemos, de que ya nos toca, de que se trata de justicia social todo aquel beneficio al que por mandato divino o terrenal superior nos debe ser convidado. Es esa ilusión la que nos ha llevado al fracaso, y eso a la ira, y al final al descontento social, al retroceso en el que nos encontramos, primero como personas, luego como comunidad.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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