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Martes , 23.04.2019 / 12:18 Hoy

Intelecto opuesto

Una elección de pocos

Eduardo González

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El fenómeno de la desconfianza en las instituciones, los partidos, el gobierno y la falta de credibilidad que se han ganado muchos de los que participan en las contiendas electorales, ponen en duda la cifra de participación que estima el INE para la elección del domingo 1 de julio.

De acuerdo con la autoridad electoral del país se estima que participen en la jornada “histórica” más de 50 millones de mexicanos; situación que luce poco probable si se toma en cuenta el contexto político y los antecedentes electorales.

El Observatorio Electoral de la UNAM, publicó recientemente el comparativo de participación de los procesos federales de 1994 a la fecha. El abstencionismo en México en las elecciones presidenciales desde 1994, señalan, revelaban lo siguiente: en ese mismo año hubo un 22.84% de éste; en 2000 un 36.03%; en 2006 un 41.45%; sin embargo en 2012 hubo una disminución de este fenómeno, registrándose un 36.92% de abstencionismo.

Es decir, en 1994 participaron 43 millones de personas; en el 2000, poco más de 37 millones de ciudadanos; en 2006, casi 42 millones; y para 2012, la cifra más alta de todos los tiempos con 50 millones 323 mil 153 votos registrados.

La tendencia indica que al existir un mayor número de inscritos en el padrón, hay una mayor posibilidad de que voten. Sin embargo no se puede negar la estadística histórica de que en México solo votan los que siempre quieren y acuden a las casillas a participar. No los nuevos votantes, ni los jóvenes, ni los adultos, sino los que siempre van que son las estructuras de los partidos, los trabajadores de los gobiernos, los sindicatos, las empresas, los soldados, los policías.

Retomando lo publicado por el Observatorio Electoral de la UNAM, y citando a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el abstencionismo es “un no hacer o no obrar que normalmente no produce efecto jurídico alguno, aunque en ocasiones puede ser considerada como la exteriorización de una determinada voluntad”.

Entonces, la cita del próximo domingo no es una tierra fértil para la expresión social y política, libre y razonada, abierta para todos; la respuesta es sí, pero de ahí a que pase lo que los románticos de la democracia quieren que suceda hay una gran diferencia.

Los votos no van a llegar solos, hay que motivarlos, hay que convocarlos con ejemplos que muestren su utilidad, no son pancartas ni promesas, mucho menos con candidatos y partidos.

Mi pronóstico para este domingo 1 de julio es que voten cerca 45 millones de mexicanos, una cifra mucho menor a la de 2012; la razón, el hartazgo con que viven las personas, que afirman que ni con alternancia las cosas se pueden mejorar en este país.

eduardogonzalez.lopez@milenio.com

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